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Antonio Gálvez Arce

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Antonio Gálvez Arce, o Antonete (Torreagüera, 29 de junio de 1819 - 28 de diciembre de 1898), como le llamaban sus contemporáneos, fue un agricultor y revolucionario español.

Infancia y primeros pensamientos políticos

El llamado Padre del Cantonalismo nació en el año 1819 en el pueblo murciano de Torreagüera. Desde pequeño, sus padres le habían inculcado amor a la libertad y al sueño democrático. Tuvo que abandonar pronto la escuela para ayudar a su padre, pero su amor al saber y a la cultura hicieron de él un lector autodidacta. Antonete consiguió convertirse en un labrador propietario y hacerse un hueco en el estrato burgués. Sin embargo, luchó por el bienestar político y social de los más humildes. Gálvez deseaba un sistema republicano federal, porque consideraba que los políticos estatales desconocían los problemas cotidianos del pueblo. Deseaba la autonomía regional para lograr la más alta democracia participativa y resolver los problemas reales de la gente, que la política absentista de la época marginaba por completo. En su lucha contra la oligarquía asfixiante del siglo que le tocó vivir, contó con el apoyo incondicional de la sociedad murciana y la amistad de grandes figuras políticas, como el General Prim y Cánovas del Castillo. También fue el fundador del Partido federal murciano.

Familia

Antonete fue un hombre sencillo y honrado; se casó con la mujer que amaba y tuvo cinco hijos, pero sacrificó una vida tranquila junto a ellos, por otra llena de amarguras y desencantos. Fue un republicano convencido –fue nombrado diputado en el Congreso durante la Primera República-, pero su amor a "La Federal" y el temor a la pérdida del régimen democrático por un golpe de estado, le llevaron a protagonizar la Revolución Cantonal.

Idealista y de resolutivo carácter, Antonete es el prototipo de político español racial y de virtuosas convicciones, que no duda en alcanzar sus ideales aunque sea alzándose en armas. El nacionalista murciano consideraba, al igual que el filósofo inglés Stuart Mill, que: "El hombre que no es capaz de luchar por su patria no alcanzará la libertad, sino por los esfuerzos de otros hombres mejores que él".

La historia de España desde la muerte de Fernando VII en 1833 se caracteriza por la sucesión de unas décadas convulsas y de continuos cambios de gobierno. Antonete vivió dos regencias (María Cristina y Espartero), tres Constituciones (1837, 1845 y 1869), el reinado de Isabel II y su exilio, una revolución (“La Gloriosa”, 1868) y el breve reinado de Amadeo I de Saboya.

La revolución “Gloriosa” de 1868 provocó el exilio de Isabel II a Francia y supuso la llegada al poder del partido progresista, que impulsó la Constitución de 1869, la más liberal de las constituciones del siglo XIX. La revuelta fue encabezada por los progresistas y los demócratas, bajo la batuta del general Prim. En Murcia, Antonete Gálvez fue el encargado de liderar la insurrección, que triunfó sin disparar un solo tiro y que fue acogida con agrado por España entera, pues habría de traer profundos cambios políticos y sociales.

Contra la monarquía de Amadeo I

La "Constitución Democrática de 1869", aprobada por las Cortes Generales, establecía la monarquía como forma de gobierno. Dada la mala imagen de los Borbones, se pensó como candidato al trono en Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II, rey de la recién unificada Italia. El general Prim fue nombrado presidente del Gobierno.

Amadeo I fue acogido con frialdad por la sociedad española y tuvo que enfrentarse a una tremenda inestabilidad política: en las Cortes, la oposición torpedeaba la labor de los seis gobiernos que se sucedieron durante su reinado. A esto había que sumarle la guerra carlista, el desasosiego colonial de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y los levantamientos republicanos.

Gálvez, arropado por sus seguidores de Beniaján y Torreagüera, izó la bandera de la revolución contra la monarquía de Amadeo I en la cumbre del Miravete, monte señero de la Cordillera Sur. Contaba con el respaldo, desde Madrid, de figuras políticas republicanas como Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. El Gobernador de Murcia, Juan José Norato, mandó formar a todas las compañías de Nacionales para reducir a los rebeldes. Tras un intenso tiroteo, los federales se quedaron sin municiones. Gálvez fue condenado a la pena de muerte en garrote vil, pero consiguió escapar en un barco a la ciudad de Argel.

En marzo de 1870 se decretó una amnistía que permitía el regreso a España de los implicados en el primer pronunciamiento republicano federal. Gálvez regresó a su casa para poco después, desde la estación de ferrocarril de Beniaján, viajar a Madrid para visitar a un amigo.

Pa bajo las quintas, aúpa "La Federal"

En 1872 se decretó una quinta - el temido servicio militar que se cobraba la vida de cientos de jóvenes todos los años-, para mantener las posesiones coloniales del decadente Imperio Español y para luchar, también, en las guerras carlistas. Los sectores más progresistas del pueblo murciano ligaron indisolublemente ambas reivindicaciones: la proclamación de la República Federal y la abolición de las quintas. Gálvez acaudilló una nueva revolución y el pueblo, harto del derramamiento de sangre española en tierras extrañas por ínfulas imperialistas, lo siguió a ciegas.

Los mozos se reunieron con Antonete en el Miravete, dispuestos a pedir la supresión de las quintas y proclamar La Federal, con las armas en la mano. La Guardia Civil y las tropas nacionales salieron desde Madrid para abatirlos. Gálvez separó a un grupo de 200 hombres y se dirigió a Murcia, donde levantaron algunas barricadas en la Plaza de Abastos y en San Julián. La jornada de lucha se saldó con varios muertos por ambas partes.

Tres meses después, las columnas guerrilleras de Antonete Gálvez entraron triunfantes por el Barrio del Carmen, recibidas por una enfervorecida multitud, que daba vivas a su persona y a “La Federal”. Se publicó el ansiado fin del servicio militar obligatorio y Amadeo I hizo solemne su renuncia al trono. El 10 de febrero de 1873 se proclamó la Primera República Española y el nuevo gobierno convocó elecciones generales a Cortes, siendo elegido por Murcia Antonete Gálvez Arce.

El Cantón de Cartagena

A pesar de su fuerza aparente en las Cortes y en la calle, el republicanismo era minoritario entre los españoles. Además, estaba internamente dividido entre los que querían una república unitaria -un único gobierno para todo el país- y los que, al igual que Antonete, deseaban “La Federal” - Estados autónomos que se ponen de acuerdo para crear un Estado de rango superior-.

La debilidad de la república provocó una enorme inestabilidad política. Cuatro presidentes se sucedieron en el breve lapso de un año: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. Además, no se pudo poner en práctica el sistema federal porque el poder ejecutivo estaba absorbido por las complicaciones que conllevaban la guerra carlista y los disturbios coloniales. Viendo los federales que la reforma votada en las Cortes se alargaba indefinidamente, y con ella sus reivindicaciones, decidieron constituirse en cantón varias capitales de provincia (Valencia, Sevilla, Cádiz, Alicante...). Manuel Cárceles y su gente proclamaron el Cantón de Cartagena (al que posteriormente se uniría Antonete), cuya sede se situó en Cartagena, el foco industrial de la Región, y en cuyo puerto se instaló la escuadra naval del Cantón.

El gobierno republicano consiguió reprimir la insurrección en toda España salvo en Cartagena, donde Antonete, Comandante General de las tropas, contaba con apoyo y armamentos militares. El mito de Antonete encarnaba los anhelos de modernización, de democracia radicalmente participativa, de autogobierno y de defensa del pueblo cartagenero. El Cantón de Cartagena, liderado por Antonete Gálvez, se convirtió en el más duradero –resistió más de seis meses- de cuantos se proclamaron en la Península Ibérica durante la Revolución Cantonal.

En enero de 1874 el bombardeo centralista sobre Cartagena era cada vez más intenso. La ciudad quedó prácticamente deshecha y la escasez de comestibles se tornó insostenible. El 11 de enero comenzó la rendición del Cantón de Cartagena: las fuerzas que sitiaban Cartagena entraron en la ciudad y se dio por terminada la Revolución Cantonal. Gálvez volvió a ser condenado a la pena de muerte y tuvo que hacer frente a un nuevo exilio en Orán. Sin embargo, regresó a su tierra un año después para luchar contra la epidemia de cólera que estaba asolando la región.

Como un león cansado

A su regreso, Gálvez tuvo que afrontar la situación que más había temido: el golpe de Estado del general Pavía puso fin al gobierno republicano, y supuso la restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II. La Constitución Democrática de 1869 fue suspendida, y los derechos y las libertades del pueblo español quedaron drásticamente recortados. Se iniciaba en España el periodo de la restauración.

El 7 de abril de 1887 la mujer de Antonete falleció. Su esposo, perseguido y condenado a muerte, la acompañó hasta el último momento. La Guardia Civil se presentó en el entierro para detener al líder cantonal, pero el respeto que Antonete despertaba en todo el pueblo le procuró la libertad una vez más. En 1891, la justicia se pronunció, finalmente, a favor de Antonete Gálvez, que quedó libre y regresó a su casa, siendo elegido concejal del Ayuntamiento de Murcia.

Gálvez murió el 28 de diciembre de 1898. Su entierro se convirtió en una tumultuosa demostración de cariño popular a la que acudieron más de 4.000 personas. El obispo de la Diócesis de Cartagena prohibió su entierro en suelo bendito, pero 50 años más tarde fue trasladado al cementerio de su pueblo natal junto a sus paisanos y familiares. El Ayuntamiento de Murcia, en reconocimiento a su importancia histórica y socio-política, nombró a Antonete Hijo Predilecto de Murcia en 1998, coincidiendo con la conmemoración del primer centenario de su muerte.

Coplas al héroe

  • "Como un león cansado, volvió Antonete a su tierra. La vejez y el sufrimiento no mermaron su entereza. Se portaba como un héroe en riadas y epidemias y no aceptó más honores que la voz de su conciencia. Amanecer navideño del noventa y ocho, en el "güerto" de San Blas Antonete murió solo. Le negó el señor obispo tierra cristiana a su cuerpo y le fue dada a la fuerza porque así lo quiso el pueblo. Con la muerte de Antonete "güérfana" quedó la "güerta", caracolas y guitarras enmudecieron de pena. La "güerta" se puso de luto por la muerte de Antonete y el aire se hizo bandera en la Cruz de Miravete".

Cantata del tío Antonete Gálvez, de Ginés Torrano (cantata popular).

  • "Españoles para España, y para Murcia, murcianos. Que no se lleven el fruto que con sudores ganamos. La voz de Antonete Gálvez dirigía la contienda. Vamos a hacer un Cantón para nuestra independencia. Sonido de caracolas por el aire de la "güerta". Los hombres de recio temple, ya estaban todos alerta. Para ser hombre de bien pide justicia y trabajo, que no medren los de arriba y se mueran los de abajo".

Cantata del tío Antonete Gálvez, de Ginés Torrano (cantata popular).

  • Una copla muy popular en la huerta murciana dice: "Beniaján, Los Garres y Torreagüera, ¡vaya tres pueblecicos, si el rey los viera!", en clara alusión al espíritu revolucionario nacido entre los habitantes de estas tres localidades de la Cordillera Sur, hecho que le ha valido el sobrenombre de "Cuna del Cantón", y a Antonete Gálvez el de "Padre de la Nación Murciana".
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