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Córdoba (de Ángeles Asensio)

De Ateneo de Córdoba
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Entre la sierra y el río paralela a la ribera, se extiende una muralla que a Córdoba la bordea… Situada al pie de Sierra Morena, esta ciudad monumental y emblemática, remonta su fundación a tiempos prehistóricos, si consideramos los vestigios humanos del Neandertal en el año 32.000 adC. Su primer asentamiento prerromano fue por el siglo VIII adC que señala la existencia de un poblado llamado Corduba; le siguieron los romanos conquistándola en el 152 adC, y ya por entonces experimentó un buen estatus social, siendo el centro de correos oficiales y construyéndose su Puente Romano; llegan los visigodos, y los musulmanes que formaron El Emirato de Córdoba en el año 716. Con Abd alRahman I, y comienzan la construcción de la mezquita por el 786 terminada por Almanzor en el 988, aunque tuvieron su mayor apogeo con Abderramán III por el año 929 cuando pasó a ser el Califato de Córdoba, dirigido por la dinastía Omeya, que llegaron a tener 1.000.000 de habitantes. Su decadencia se inicia con la era cristiana cuando en 1236 la conquista el rey Fernando III. El casco histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984 , y hoy en día Córdoba se está abriendo a nuevos he importantes movimientos culturales, que poco a poco va cambiando su fisonomía, modernizándose y potenciando las tradiciones populares.

Lugares de interés

Personajes

Algunos de sus personajes más celebres son:

Gastronomía

Poemas que la recuerdan

Feria en Córdoba

A esa muralla y el río
que acompañan la rivera,
los mira una gitana
llamada Sierra Morena;
y al mirarlos se sorprende
cuando ve, Córdoba entera,
a jaca y de faralaes
noches y días de juerga.
Fiestas de patios y cruces,
Mayo se viste de fiesta,
¡estallido de alegría
hasta que el día despierta!
Y a la grupa del caballo
va la mujer cordobesa
luciendo cómo un geranio
plantado en la maceta.
Descubre todo el saber
del cante "jondo" ¡Su fuerza!,
mientras la flamenca mece
el mimbre de piel morena
con la espiga de su talle
que al ritmo se balancea.
Qué colorido, ¡qué ambiente!,
que sol, que gracia, qué fiesta...
Qué juerga hasta el mediodía
¡Y qué calor en la feria!
Llegado el aperitivo
tomas "fino" de la tierra
y ves pasar los caballos
antes de irte a la siesta.
De nuevo cubre la noche
Su fantasía de estrellas,
que se pierden entre luces
del farolillo en hileras.
¡Adornos de mil colores
para alumbrar las casetas!
Y otra vez, ya como siempre...
Hasta que el día comienza.

Ángeles Asensio (Estrofa del poema “ANDALUCÍA”)


Siempre en mi Córdoba

Les juro que jamás podré vivir
en otra población mora y cristiana
distinta de mi Córdoba sultana
llorando si no está el Guadalquivir.
Mis lágrimas serían por la pena
que el ansia de vivir, triste, me quita
al no poder mirarme en su Mezquita
y al fondo no encontrar Sierra Morena.
Serían mis lamentos muy sinceros
al Cristo no adorar, tras sus faroles
y el eco no escuchar de tantos ¡oles!
en otra tierra extraña, sin toreros.
Mas eso no será, mi buena estrella
aquí me dejará, pues no es en vano
que igual que el Rey Fernando, soy cristiano
e igual que Abderramán, me siento Omeya

Agustín Sánchez Martínez


Mansión de Ángeles

De qué te sirve esa reconstrucción
si todo es tiempo, ceniza,
reductos de la Historia.
Vive el instante,
la dulzura solar
en este Paseo de Ribera
donde el Guadalquivir
en su camino te alecciona.
No te salvarán los arcángeles
de las fauces del lebrel.
Bebe el agua de las clepsidras
y sigue el ritmo de la sangre
en el perfume anticipado
del azahar.

Francisco Basallote (De su libro "LIBRETA DEL CAMINANTE")


Soneto a Córdoba

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas!
¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
tanto por plumas cuanto por espadas!
¡Si entre aquellas ruinas y despojos
que enriquece Genil y Dauro baña
tu memoria no fue alimento mío,
nunca merezcan mis ausentes ojos
ver tu muro, tus torres y tu río,
tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España!

Luis de Góngora


Don Gonzalo vela austero
tu sueño, Córdoba mora,
mientras la guitarra llora
por un pintor y un torero.
Con un sabor de romero
baja de la sierra el viento
recogiendo el sentimiento
de una copla, que al nacer,
tomó forma de mujer
y se perdió en un lamento.

Antonio Roldán (Estrofa sacada de su poema “CANTO A ANDALUCÍA”)


Volver a Córdoba

Hoy he vuelto a visitar
mi Córdoba amurallada,
la de estrecha arquitectura,
la de adoquín, la de plaza,
esa que huele a jazmín
que tiene rejas bordadas
con patio de luz abierto,
con fuente en medio, ¡con agua!,
limoneros y azahares
la fresca sombra y persiana.
Hoy he vuelto a pasear
por esa Córdoba amada,
he recorrido sus calles
cuya paz adora el alma,
y en una de sus placitas
con rejas en la ventana
donde el naranjo da sombra
y el silencio pone calma,
me detuve yo un momento
saboreando la pausa.
Hoy he vuelto a disfrutar
del velador en la plaza,
de un vino y aperitivo
del sol a media mañana,
no he tenido compañía...
¡Tampoco la echaba en falta!
porque sola yo he sentido
que el pensamiento me hablaba,
y ese tranquilo vivir
me lo está pidiendo el alma.

Ángeles Asensio


Antonio Vargas Heredia

Con un clavel grana temblando en la boca,
con una varita de mimbre en la mano,
por una "verea" que llega hasta el río,
iba Antonio Vargas Heredia el gitano.
Entre los naranjos la luna lunera,
ponía en su frente la luz de azahar.
Y cuando apuntaban las claras del día,
llevaba reflejos del verde olivar,
del verde olivar.
Antonio Vargas Heredia,
flor de la raza calé.
Cayó el mimbre de tu mano
y de la boca, el clavel,
y de la boca, el clavel.
De Puente Genil a Lucena,
de Loja a Benamejí.
De Puente Genil a Lucena,
de Loja a Benamejí.
Las mocitas de Sierra Morena
se mueren de pena llorando por ti.
Antonio Vargas Heredia,
se mueren de pena llorando por ti.
Era Antonio Vargas Heredia el gitano,
el más arrogante y el mejor plantao.
Y por los contornos de Sierra Morena
y no lo hubo más bueno, más guapo, ni "honrao".
Pero por "curpita" de una hembra gitana,
su faca en el pecho de un hombre se hundió.
Los celos malditos nublaron sus ojos
y preso en la trena, de rabia lloró,
de rabia lloró.

Joaquín de la Oliva, Juan Mostazo, y Francisco Terenciano


Cristo de los Faroles

Parecía que estaba allí olvidado,
con los brazos clavados en la cruz,
diez faroles alumbran con su luz
a este Cristo Jesús crucificado.
Y al mirarlo, sentí dentro... ¡Muy dentro!
que sus ojos de mármol y de amores,
infundían sosiego a mis temores
con la paz y el silencio del encuentro.
Entre velas que estaban derretidas,
y vasitos con flores a los pies,
no se cierran ni sangran sus heridas
ni es tan sólo una estatua lo que ves.
Que le cuentas las penas que has tenido
y escuchando demuestra su interés,
más tranquila; si luego ya te has ido...
No lo olvidas estés tu donde estés.

Ángeles Asensio


La morena de mi copla

Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena
Con los ojos de misterio y el alma llena de pena
Puso en sus manos de bronce la guitarra cantaora
Y en su bordón hay suspiros y en su capa una dolora
Morena
La de los rojos claveles
la de la reja florida
La reina de las mujeres
Morena
La del bordado mantón
La de la alegre guitarra
La del clavel español
Como escapada de un cuadro y en el sentir de una copla
Toda España la venera y toda España la adora
Prenda con su taconeo la seguirilla de España
Y en sus cantares morunos en la venta de Eritaña
Morena
La de los rojos claveles
La de la reja florida
La reina de las mujeres
Morena
La del bordado mantón
La de la alegre guitarra
La del clavel español

Jofre - Castellanos

La chiquita Piconera

El pintor la respetaba
lo mismo que algo sagrao
y su pasión le ocultaba
porque era un hombre casao.
Ella lo camelaba con alma y vía
hechisá por la magia de su paleta
y al igual que una llama se consumía
en aquella locura negra y secreta.
Estribillo
Y cuando de noche Córdoba dormía...
y era como un llanto la fuente del Potro,
una voz decía:
¡Ay, chiquita piconera,
mi piconera chiquita!
Esta carita de cera
a mí el sentío me quita.
Te voy pintando, pintando
ar laíto der brasero
y a la vez me voy quemando
de lo mucho que te quiero.
¡Várgame San Rafael,
tener el agua tan cerca
y no poderla bebé!
Ella rompió aquel cariño
y le dio un cambio a su vía,
y el pintor iguá que un niño
lloró al mirarla perdía.
Y cambió hasta la línea de su pintura,
y por calles y plazas lo vió la gente
deshojando la rosa de su amargura
como si en este mundo fuera un ausente.
Estribillo
Y cuando de noche Córdoba dormía...
y era como un llanto la fuente del Potro,
el pintor gemía:
¡Ay, chiquita piconera,
mi piconera chiquita!
Toa mi vía yo la diera
por contemplar tu carita.
Mira tú si yo te quiero
que sigo y sigo esperando
ar laíto der brasero
para seguirte pintando.
¡Várgame la Soleá,
haber querío orvidarte
y no poderte orviá!

Rafael de León


Córdoba

Lejana y sola.
Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.
¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!
Córdoba.
Lejana y sola.

Federico García Lorca


Córdoba

La centenaria piedra al sol dorada;
Bética Madre en quién florece el río.
Campiña que arde al fuego del estío;
jara, espliego y tomillo, cumbre alada.  :Por la cultura, tú, romanizada.
Por el Corán se pierde tu albedrío.
Te libra el fuego de la Cruz del frío,
teológico sentir, cristianizada.  :Risueña en tus viñedos y olivares,
poetas te coronan de cantares,
prudente y sabia en tu filosofía.  :Y entre callejas, plazas y rincones,
un cante jondo enciende corazones.
Y brota del nocturno tu Poesía.

Juan Morales Rojas