Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Lunes, 21 de octubre, 19:30 horas. Conferencia "La sexualidad vista por un etólogo", presentado por Antonio León Villaverde. Sede del Ateneo.

Fallo del XXXV Premio de Poesía Juan Bernier.

Fallo del VII Premio de Relato Rafael Mir.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2019, relación de homenajeados aquí.


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De Rafael Mir, escritor y jurista

De Ateneo de Córdoba
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La Real Academia de Córdoba -regida en la vigente etapa de su ya extensa historia por la mano docta y gentil de Joaquín Criado Costa- rendía honores el pasado jueves a la figura de Rafael Mir Jordano, desde ese mismo día miembro numerario de tan alta institución. Una multitud de amigos y partidarios -los que ha sabido granjearse con justicia nuestro hombre- abrigó con su asistencia un ritual que, lejos de resultar cansino o desabrido habida cuenta de su carácter litúrgico y solemne, se vio impregnado de la personalidad de Mir, tan rica y poliédrica que ahuyenta sin esfuerzo cualquier sombra de aburrimiento, cualquier atisbo de tedio.

Derecho y literatura fue el sugestivo título del discurso pronunciado en esa velada por quien alberga en su ejecutoria méritos más que sobrados en uno y otro campo; que no dejan, viene a decirnos Mir, de ser uno al fin y a la postre, pues en ambos la palabra se erige en elemento preponderante, vital, esencial. Viene a mi mente en este instante el recuerdo de Arquero de Poesía, publicación mítica donde las haya, gestada hace cinco décadas por el propio Mir Jordano, y en la que confluyeron junto a él nombres tan refulgentes como los de Gloria Fuertes, Julio Mariscal Montes o Antonio Gala; justamente con ocasión de un homenaje tributado a Arquero desde las páginas de nuestra querida Arca del Ateneo tuve ocasión de conocer personalmente a Mir, y de saber de primera mano de su vasta erudición y exquisito trato.

No puedo, naturalmente, hacer aquí un extracto cabal de lo expresado por el conferenciante en su alocución; sería ese, por fuerza, un remedo torpe, tan burdo como empobrecedor. Decir tan sólo que en la misma, cargada de jugosas anécdotas y referencias de variada índole, desde clásicos como Sócrates a contemporáneos como el galo Pierre Boulle, no estuvo ausente su pasión por el cine -pasión compartida por quien suscribe estas líneas- y más en concreto por el cine de temática judicial, con mención de algunos ejemplos ilustres del género como los encontrados en “Testigo de cargo” o “Anatomía de un asesinato”, a los que me permitiría añadir el abogado sureño encarnado con su habitual sobriedad y bonhomía por Gregory Peck en “Matar un ruiseñor”, según la novela homónima de Harper Lee. Sé por propia experiencia, y por la vivida y legada por personas de mi mayor confianza, de la generosidad sincera e infatigable de Rafael Mir Jordano; no es cualidad que abunde, desgraciadamente, como lo es quizá aún menos su envidiable desenvoltura en ámbitos tan diversos del conocimiento, sin duda desde la certeza lúcida de que el saber no admite compartimentos estancos. Es por todo ello que alzo mi copa por uno de esos nombres en los que cristaliza de modo paradigmático el legítimo orgullo de una ciudad. Orgullo que debiera teñirse de desazón y una pizca de sonrojo por no haber alcanzado aquí las cotas que habría rebasado con holgura en otros lares, en los que no late -o no lo hace al menos con semejante virulencia- cierta pulsión cainita.

(ABC Córdoba, 22 de enero de 2002)