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Elvio Romero

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Elvio Romero (Yegros, Paraguay, 1 de diciembre de 1926 - Buenos Aires, Argentina, 19 de mayo de 2004). Se sitúa entre una (la del 40) y otra generación (la del 50), en la historia de la poesía paraguaya del presente siglo.

Infancia y juventud

Muy joven, se integró a la promoción de Hérib Campos Cervera, Josefina Pla, Augusto Roa Bastos, que habría de renovar la literatura paraguaya.

Fue el más importante, combativo, brillante y talentoso poeta paraguayo del siglo XX. El crítico y estudioso brasileño Walter Wey escribe, ya en 1951:

"El astro del joven poeta es varonil, fuerte e incisivo. Y el estilo, a pesar de ser a veces tosco, duro, de poca vibración, le sirve maravillosamente para los temas de visiones trágicas, de muerte violenta y de hambre y de horizontes desolados... Estamos seguros de que su mensaje, una vez madurado en la experiencia, podrá revelarnos algo sorprendente".

Su trayectoria

Militante comunero, luego de la guerra civil de 1947 se ve forzado, con escasos 21 años, y como tantos otros, a abandonar a la que él mismo llama “nuestra profunda tierra”. Desde entonces y hasta su fallecimiento, no volvió a residir en el Paraguay. Viajó incansablemente alrededor del mundo. Jamás olvidó a su patria y a los suyos y las inflexiones de su voz, al decir como pocos poetas su propia poesía, tienen un timbre inconfundiblemente paraguayo.

Desempeñó tareas editoriales, pronunciado recitales y conferencias en varios centros culturales de América y Europa.

El gran novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de literatura en 1967, en la presentación del libro de Romero “El sol bajo las raíces” (1956), brinda un maravilloso recado acerca del poeta y su obra:

"Lo que caracteriza la poesía de Elvio Romero es su sabor a tierra, a madera, a agua, a sol, el rigor con que trata sus temas, no abandonándose ni un solo momento a la facilidad del verso, y el querer interpretar el drama de su país joyoso de naturaleza y triste de existencia, como muchos de nuestros países. Pocas voces americanas tan hondas y fieles al hombre y sus problemas, y por eso universal. Poesía invadida, llamo yo a esta poesía. Poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida. Pero no la vida como la concibe el europeo, chato siempre ante nuestro mundo maravilloso y mágico, sino como la concebimos nosotros. Elvio Romero, como todos los auténticos poetas de América, no tiene que poblar un mundo vacío con su imaginación. Ese mundo ya existe.
Interpretarlo es su papel, lo real es lo poético en América, no lo imaginado o ficticio. Y por eso se nos queda tanta geografía dispersa en flores, en astros, en piedras, en aves, cuando leemos los poemas de este inspirado poeta paraguayo. Por los intersticios de tanto prodigio como va cantando, se escapa el dolor de los pueblos, gemido y protesta, pero también esperanza y fe. Pero estos sentimientos y pensamientos nacidos del paisaje que se torna lúcido y que por momentos llegan a ser opresores, son rotos por el poeta que los “nombra”. Romper el encantamiento “nombrándolos” es el arte de Elvio Romero, el encantamiento natural, ya que son transpuestos a sus poemas en el logro de otro encanto, el de la poesía, el sobrenatural. Sobre la naturaleza van sus versos arrastrando raíces de sangre viva, de vértigo, contraste y metamorfosis. Lo formal, se cuenta, cuenta poco en poetas en que hay una tempestad atronadora, en los cuales lo que se dice se expande y al expandirse crea o recrea, del mundo nuevo, su vibración auténtica".

Y Rafael Alberti, notable exponente de la generación poética del 27 en la literatura española le canta, en los encendidos versos de su poema "Elvio Romero, poeta paraguayo":

"Las alas, sí, las alas, /contra la vida quieta /Cante, llore el poeta /volando entre las balas./ Por los signos del Día/también tú señalado/clavel arrebatado/y espada de agonía/ Casi recién nacida,/lumbre madura y fuerte,/sabes más de la muerte/quizás que de la vida./ Y tu nombre aromado/huele más que a romero,/a pólvora, a reguero/de cuerpo ensangrentado./ La patria encadenada/y herida se sostiene/sin sueño y te mantiene/el alma desterrada./ Y mientras que penando/sin luz va el enemigo,/la Libertad contigo/regresará cantando".

Gabriela Mistral, la premio Nobel chilena, por su parte, escribe: "Pocas veces he sentido la tierra como acostada sobre un libro".

"Elvio Romero, la fuerza de la realidad" es el ensayo del escritor y poeta argentino Ricardo Rubio, publicado en Asunción en 2003. "Elvio Romero - De la tierra intensa", ensayo del mismo autor, se publicó en Buenos Aires en 2006.

"Cielito del Paraguay. Un perfil de Elvio Romero" es el título del libro que el cantante y compositor argentino Enrique Llopis dedicó al gran poeta paraguayo. Fue editado en Buenos Aires en 2010 por Ediciones De Aquí a la Vuelta y Ediciones del CCC. El libro contiene además un CD con la obra conjunta compuesta por Elvio Romero y Enrique Llopis. Acerca de este libro, el escritor argentino Juan José Manauta dijo: "Me regocija que alguien recupere para la cultura americana una presencia que no había muerto para nadie y menos para nosotros, siempre ávidos de semejante belleza".

Su vida en el exilio

Exilio, desamparo, amor, esas otras expresiones de la misma vida, están permanentemente presentes en la prolífica obra de Romero. El mismo poeta nos dice: “Durante el largo exilio que padecí, mis compatriotas, mis amigos, y algunos desconocidos también, se acercaron a mi casa de exiliado, trayendo la fragancia de las cosas lejanas, reconfortando mi retiro.

Compartí la lucha de mi pueblo por su libertad, viví atento a la formidable gesta protagonizada por los miles de combatientes que, cautelosa y valerosamente, prepararon el porvenir de la patria, y mi canto se fue conformando así, entre exaltaciones vibrantes y melancolías, de esas luces y sombras que, alternativamente, estremecen el alma. No se ya si pronto, o tarde, comprendí que debía recoger en mi poesía todos los estados de ánimo que brotaron de esas tristezas fugaces y de una impresionante e impertinente rebeldía. Entonces abrí todas mis ventanas para que entrasen los vientos del mundo, y así pude juntar las desvaídas hojas del decaimiento con la ardiente ramazón de un fuego combativo. Todos mis sentimientos, todos, se mezclaron, como en la galera de un prestidigitador los papelitos de colores y desde donde salió volando una paloma de oro al calor de mis pasiones y mis imaginerías”.

Obras Poéticas

  • 1948 Días roturados
  • 1950 Resoles áridos
  • 1953 Despiertan las fogatas
  • 1956 El sol bajo las raíces
  • 1961 De cara al corazón
  • 1961 Esta guitarra dura
  • 1966 Libro de la migración
  • 1967 Un relámpago herido
  • 1970 Los innombrables
  • 1975 Destierro y atardecer
  • 1977 El viejo fuego
  • 1984 Los valles imaginarios
  • 1994 Flechas en un arco tendido
  • 2007 Cantar de caminante

Distinciones

Como ensayista es autor de “Miguel Hernández, destino y poesía” (1958) y de “El poeta y sus encrucijadas” (1991), obra con la cual se hizo acreedor del Premio Nacional de Literatura en su primera edición.

Fue colaborador del diario Última Hora, de Asunción, y de numerosas publicaciones culturales en la Argentina.

Residiendo en Buenos Aires, Argentina, donde desempeñaba funciones diplomáticas en el carácter de Agregado Cultural de la Embajada Paraguaya en la capital porteña, falleció el 19 de mayo de 2004.

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