Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Desde las 18:00 horas del lunes 2 de noviembre ha comenzado a emitir el Canal del Ateneo de Córdoba en Youtube

CAC36 CANAL ATENEO DE CÓRDOBA.

Desde aquí haremos llegar las actividades que se realicen en el Ateneo
así como los actos, representaciones teatrales, recitales de poesía y conferencias de nuestra hemeroteca.

El canal está disponible en el enlace: https://youtu.be/H09BNMzeAJs

Actividades ya disponibles en el canal:

"Foro Jaime Loring de debate y conocimiento”, conferencia del ateneísta Rafael Jiménez, “AREAS DE MONTAÑA Y DESPOBLACIÓN”.

Lectura poética del ateneísta Antonio Flores Herrera.

Entrevista realizada a la ateneísta de honor Carmen Galán Soldevilla

CONVOCADOS LOS PREMIOS LITERARIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

VIII Premio de Relato Rafael Mir.

XXXVI Premio de Poesía Juan Bernier.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2019, relación de homenajeados aquí.


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Bailar en la oscuridad

De Ateneo de Córdoba
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Dancer in the Dark
Título Bailar en la oscuridad
II Muestra de Cine Internacional
II Muestra de Cine Internacional

Ficha técnica
Dirección Lars Von Trier

Producción Vibeke Windeløv

Guión Lars Von Trier

Música Björk

Fotografía Robby Müller

Reparto Björk
Catherine Deneuve
David Morse
Peter Stormare
Joel Grey
Cara Seymour
Vladica Kostic
Jean-Marc Barr
Vincent Paterson
Siobhan Fallon
Zeljko Ivanek
Udo Kier
Jens Albinus
Reathel Bean
Mette Berggreen

Datos y cifras
País(es) Dinamarca
Suecia
Año 2000
Género Melodrama
Duración 140 minutos

Reseña

Bailar en la oscuridad.jpg

La expectación que acompaña el estreno de cada nueva obra del danés Lars Von Trier, cineasta de culto donde los haya, no es fruto de la casualidad o el capricho cinéfilo. Desde su ya lejana opera prima, El elemento del crimen, Trier ha brindado argumentos para un debate acalorado que enfrenta a dos bandos en apariencia irreconciliables: entusiastas furibundos junto a detractores encarnizados. Y es que el cine de Trier suscita pasiones de toda índole, mas en ningún caso la indiferencia del espectador, lo que ya de entrada, no deja de ser todo un logro.

Selma, la heroína del relato, es un personaje que se gana pronto el cariño del respetable: inmigrante checa en los Estados Unidos, todo cuanto gana en maratonianas jornadas laborales lo ahorra para el día en que su único hijo pueda ser operado para eludir una ceguera inevitable. La propia Selma es víctima paulatina de esa tara congénita, hereditaria. Nos situamos pues en el terreno del melodrama más puro, sobre todo a partir del instante en que los ahorros de Selma se ven en peligro por una vorágine de calamidades que no sería pertinente revelar aquí. El melodrama, si nos atenemos a la tradición de un siglo de celuloide, es género singularmente agradecido; y Bailar en la oscuridad no constituye una excepción. Con la inestimable baza que supone la presencia de la cantante Björk, cuyo debut en la pantalla grande resulta especialmente afortunado por su adecuación al personaje que encarna, el cineasta danés logra involucrarnos plenamente en los avatares que acontecen a la tierna Selma, un ser vulnerable atrapado en una maraña de circunstancias adversas.

En lo que el film tiene de melodramático, incluido el alargado alegato final contra la pena de muerte, Bailar en la oscuridad revela algunas carencias (en forma de excesos). Pero algo bien distinto cabe decir de su otra vertiente argumental: ocurre que Selma, en su afán por trascender la realidad áspera, lóbrega, en que transcurre su vida, tiene el hábito de dejar volar su imaginación, hasta el extremo de evocar en las situaciones más insospechadas auténticos números musicales que brotan como por ensalmo del percutir de una maquinaria o el trazo rítmico de un dibujante. Es aquí donde aflora la auténtica magia de la cinta, pues a partir de esas secuencias Trier construye una hermosísima parábola en torno al invencible poder de la imaginación y de su vehículo más privilegiado, la música, para hacer saltar por los aires barreras y obstáculos de toda índole.

El impulsor del Dogma 95 vuelve a utilizar aquí el recurso de la cámara en mano, en esta ocasión con mejor coartada que en ocasiones precedentes (véase la por otra parte estimable Rompiendo las olas), pues el contraste con los pasajes oníricos, en los que recurre a una narrativa más tradicional, resulta así especialmente acusado. Con todo, el relato alcanza el corazón con envidiable hondura merced al espléndido retrato de personajes (incluida una impagable aparición de Joel Grey, el maestro de ceremonias de Cabaret), con mención especial para ese disminuido perdidamente enamorado de Selma, que transmite candidez y desolación a partes iguales.

Película reproducida en la II Muestra de Cine Internacional del año 2002.

Reseña elaborada por el socio de la Sección de Cine del Ateneo de Córdoba Javier Ortega Posadillo.