Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

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Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

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Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
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Ángel Aroca Lara

De Ateneo de Córdoba
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Nace en La Roda, Albacete, el 11 de agosto de 1942.

Historiador de arte, escritor y profesor de la Universidad de Córdoba desde 1972 hasta su jubilación en 2002.

El 10 de marzo de 1988 ingresa en la Real Academia de Córdoba, de la que es elegido director en 1992 permaneciendo en el cargo hasta 2002.

Cronista Oficial de la Villa de Iznájar, autor de: Iznájar hace un siglo, La guerra del pan y el queso, Sobre el origen de Villanueva de Tapia, Nostalgia de la tierra mía, Iznájar: de nácar sobre el agua, Alonso de Doblas García, El arcángel que voló hasta el sur, La agricultura en Iznájar mediado el siglo XVIII.

El rondense que vino a enseñar el patrimonio de Córdoba y sus pueblos Ángel Aroca Lara vino de las tierras que inspiraron El Quijote, llegó a la Iznájar que cantó Rafael Alberti y se quedó para engrandecer la cultura de una Córdoba que hizo suya en 1972.

La prensa desde el exilio mexicano denunciaba el "descenso de la cultura en España" con la publicación de cinco libros sobre la guerra del 36 firmados por El Caballero Audaz: Declaración de guerra, El cuartel de la Montaña, Nosotros los mártires, La quinta columna y La ciudad inmolada.

La serie era calificada como los libros del mastodonte, una pretensión que quedaba a juicio del autor anónimo en la "diarrea historicista de un mercachifle", considerado en España un prestigioso intelectual y a quien auguraban una pronta entrada en la Academia. Los mismos redactores exiliados criticaban el empeño patrio por musealizarlo todo, las espantosas películas y la falsa monéa de 5 y 10 céntimos que habían cambiado la plata por el aluminio y el níquel.

Mientras tanto, en las lindes entre Córdoba y Ciudad Real, el Ayuntamiento de Conquista sufría un pavoroso incendio, sofocado tras varias horas por la Guardia Civil y saldado con 10.000 pesetas de pérdidas.

El incidente en la aldea andaluza coincidía con el 11 de agosto de 1942, fecha en la que tuvo lugar el nacimiento de un manchego de condición que, con el correr del tiempo, acabaría siendo cordobés de corazón. Aquel martes vino al mundo Ángel Aroca Lara en un pueblo de Albacete. La Roda, que en aquellos días rondaba los 12.000 habitantes, en otro tiempo pudo ser, a juicio de un autor anónimo, morada de Don Quijote y Sancho.

Ángel Aroca Lara fue el mayor y el único varón de Ángel y Felicidad, un nombre, el de la madre, contaría luego el niño, "muy difícil de llevar", también un nombre esperanzador en los tiempos de posguerra que corrían, testigos más adelante de la llegada de sus dos hermanas.

La infancia, en aquel pueblo eminentemente agrícola entonces, con alguna industria incipiente, transcurrió feliz para los niños. Quizá tuviera mucho que ver el acercamiento desde los primeros años a la lectura, que desembocó luego en pasión por la literatura. Pronto sintió la llamada de las Letras, y siguiéndolas se hizo maestro como antesala de su licenciatura en Historia del Arte.

El Magisterio y los destinos, siempre inciertos de la profesión, eran un peregrinar por pueblos de los que, en la mayoría de los casos, los jóvenes docentes no tenían noticia hasta la llegada a ellos, a sus pensiones o casas de huéspedes, que tantas veces inspiraron la literatura y el cine de los 60. Ese destino suyo de maestro quiso acercarlo hasta Fuentes de Cesna, muy cerca del mar de interior de Iznájar y, como le sucediera a Rafael Alberti cuarenta años antes, se quedó prendido de su paisaje y su patrimonio, al los que dedicaría largas horas de investigación y creación, antes y después de ser nombrado su Cronista Oficial.

Su vida y la de aquel pueblo quedaron indisolublemente unidas al conocer a Piedad, su mujer, la madre de Ángel, Sergio y María Piedad; compañera en su llegada a Córdoba y a una avenida del Conde de Vallellano casi despoblada, en donde tuvo de vecino al prieguense Balbino Povedano. Corría el año 1972 y desde entonces su vida giró ya en torno a Córdoba y su corazón estuvo dividido entre la ciudad, Iznájar y el pueblo natal, que nunca abandona.

Aquel Iznájar, casi desconocido fuera de las lindes subbéticas, debe a Ángel buena parte de la promoción y del conocimiento que de ella se comenzó a tener a través de los encuentros allí o de los congresos en los que estuvo presente gracias a sus intervenciones.

Su desmedido celo en pos de la cultura y su acercamiento a las gentes le llevaron a presidir la Real Academia de Córdoba y llevar su pasión por la Historia del Arte más allá de las aulas de la UCO y de la pura profesión. Así, en 1987 amparado por aquellas magníficas publicaciones de la Caja Provincial de Ahorros, dejó una de las primeras muestras de su buen hacer como investigador y escritor en El crucificado en la imaginería andaluza. Antes, en 1979, había ofrecido a Córdoba uno de los mejores estudios iconográficos e iconológicos de La sillería del coro de la Mezquita Catedral de Córdoba, y en 2002 llamó igualmente la atención La simbología y los mitos del vino. Son sólo tres muestras de su vastísima producción literaria, extensible a comunicaciones y artículos en prensa escrita y revistas especializadas.

Esta misma pasión por el Arte le hizo recorrer y conocer en profundidad todos los pueblos de la provincia de Norte a Sur con sus castillos, imágenes, retablos e iglesias que estudió en profundidad. Cada uno de los monumentos y las joyas culturales que estudia y muestra, se convierten, a través de la palabra dicha o escrita, en algo grandioso. Aún así, confiesa su debilidad por Priego de Córdoba y su Barroco. Ese barroquismo es el que inspira sus primeros belenes sobre los soportes más insospechados: urnas de cristal, rocas, escayolas, tapices y otros múltiples elementos, han ido conformando una colección heterogénea y riquísima en pequeños formatos. Figuras de gran valor histórico y artístico conviven en su colección privada con muñecos en miniatura de barro o personajes clásicos de Belén, en escenarios que van desde el misterio a la aldea que corona el castillo de Herodes, cubiertos con sencillas pinturas o delicados vestidos con brocados y encajes. Es el resultado de horas y días incontables en su estudio, donde reposa el fruto de las capacidades de este escritor y artista multidisciplinar, jubilado de las aulas y los salones, pero eternamente creador y creativo.

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