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Carlomagno

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Carlos I el Grande, llamado Carlomagno, (en alemán: Karl der Grosse, en latín: Carolus Magnus, en francés e inglés: Charlemagne; 2 de abril de 742[1] – 28 de enero de 814) fue rey de los francos desde 768 hasta su muerte. Expandió los distintos reinos francos hasta transformarlos en un Imperio al que incorporó gran parte de Europa Occidental y Central. Conquistó Italia y fue coronado Imperator Augustus[2] por el Papa León III el 25 de diciembre de 800 en Roma. De este modo sucedía al Imperio Bizantino como protector de la cristiandad. Ante la indignación inicial de Constantinopla, en 812 se firmó un acuerdo entre los dos mandatarios, y de nuevo hubo dos emperadores en Europa, uno en Oriente y otro en Occidente.[3] Comúnmente se ha asociado su reinado con el renacimiento carolingio, un resurgimiento de la cultura y arte latinas a través del Imperio Carolingio y dirigido por la Iglesia Católica. Por medio de sus conquistas en el extranjero y sus reformas internas, Carlomagno sentó las bases de lo que sería Europa Occidental en la Edad Media. En las monarquías francesa, alemana y del Sacro Imperio Romano, se le nombra como Carlos I.

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Biografía

A la muerte de su padre, Pipino el Breve, Carlomagno asumió el trono de los francos junto a su hermano Carlomán. Al fallecer éste poco después, Carlomagno quedó como único dueño del Reino Franco.

En política exterior, emprendió una serie de agresivas campañas militares destinadas a expandir sus fronteras. De esta manera sometió a los lombardos, haciéndolos desaparecer de la Historia. En España intentó llevar la guerra a los árabes, pero debió conformarse con crear la Marca hispánica en los alrededores de lo que después sería Barcelona. En Alemania sometió a los sajones, y llevó la guerra hasta Hungría, en donde destruyó a los ávaros para siempre.

El año 800, el papa coronó a Carlomagno como Emperador de Occidente, lo que motivó el inmediato enfriamiento de sus relaciones con el Imperio Bizantino. A cambio, el Califato Abasida, enemigo mortal del Imperio Bizantino, le dio su amistad y envió una embajada a Aquisgrán, la capital de Carlomagno.

En lo interior, Carlomagno creó el condado como unidad administrativa básica del imperio, a cargo de un conde, y creó varias marcas, cada una de las cuales estaba a cargo de un marqués. Al mismo tiempo creó un cuerpo de inspectores, los missi dominici, encargados de mantener en la obediencia a los nobles y las autoridades locales.

Por su parte, Carlomagno fue un adalid de la cultura, creando la Escuela Palatina en Aquisgrán y llamando para dirigirla a Alcuino de York, uno de los más importantes eruditos de su tiempo.

El sistema funcionó bien en vida de Carlomagno, gracias a su mano de hierro, pero una vez fallecido, su sucesor, el débil Ludovico Pío fue incapaz de contener la desintegración del Imperio, el que se dividiría definitivamente por el Tratado de Verdún, el año 843.

Amenazas al reino de Carlomagno

El reinado de Carlomagno tenía por objeto formar de todos los pueblos germánicos un solo cuerpo de nación y dotar a esta de una organización completa.

La empresa era gigantesca porque los pueblos que encerraba Europa occidental vivían en perpetua guerra y las amenazas a las fronteras del reino de Carlomagno eran las siguientes:

La ofensiva contra estos pueblos siempre partió de Carlomagno, quién sintiéndose fuerte y capaza de dar al mundo una organización mejor, vivió en perpetua lucha con sus vecinos.

Campañas y Expediciones

Lombardos

Los lombardos fueron el primer enemigo que batió Carlomagno y cruzando los Alpes, venció al rey de los Lombardos, Didier, que había declarado la guerra al papa por no coronar reyes de los francos a los hijos de Carlomán, ocupando toda Lombardía en muy poco tiempo.

Posteriormente acabó con los duques lombardos para establecer solidamente su dominio en Italia.

Sajones

Las campañas contra los sajónes habían comenzado cinco años antes de las campañas contra los lombardos, absorviendo la mayor parte del reinado de Carlomagno.

Los sajones eran un pueblo este semisalvaje, ya que estaban alejados de la corriente en que bárbaros y romanos se mezclaban y confundían y habitaban en las mágenes del Wesser y del Elba.

Tras varios enfrentamientos, su victoria contra Witikind al que persigió y destruyó completamente en Buckholz, permitió someter a todos los sajones aquende el Elba y Carlomagno fue inexorable, talando y saquenado gran parte del país y muchas familias sajonas fueron trasladadas a las Galias, a Bélgica y a Suiza.

Las consecuencias de esta derrota sajona fueron las siguientes:

  • Que todas las libertades sajonas desaparecieron y el poder absoluto pasó a los francos y el territorio fue repartido entre los obispos y el clero en general.
  • Los sajones por tanto quedaron sujetos al dominio directo de los Carlovingios con todas sus consecuencias:

o Conversión al cristianismo de los sajones.

o Planteamiento del régimen feudal o feudalismo. 
  • Prodigó Carlomagno para el sometimiento de los sajones el establecimiento de fortalezas y guarniciones militares y utilizando la fe de sus misioneros creó diversos obispados.


Bávaros

Este era un pueblo tributario pero indómito que se sublevó, gobernado por Tasillon, de la familia de los Agilofingos, enemigos de los Heristal y pertenecientes a la más rancia nobleza de los francos.

Los bávaros eran un enemigo peligroso, por su posición central entre los sajónes, los ávaros y los lombardos, de los cuales solo les separaba la Helvecia.

Vencido Tasillon, que no pudo resistirse al ejército carlovingio, fue enviado a un monasterio en el año 788 y la Baviera fue dividida en condados

Ávaros

Mas ruda fue la lucha de Carlomagno, contra este pueblo absolutamente bárbaro y nómada, de origen asiático, y próximo pariente de los hunos, ya que en ocho años de guerra Carlomagno apenas obtuvo ventajas.

Fue necesario para Carlomagno aprovecharse de las discordias entre los ávaros que permitieron a Carlos, hijo del emperador, vencerlos y apoderarse de su capital y de inmensos tesoros, sometiéndoles a las dos condiciones esenciales de la política carlovingia: pagar tributo y bautizarse.

Expedición a España

La expedición a España de las huestes carlovingias fue la única desgraciada de las que hizo Carlomagno.

Esta expedición se realizó en tiempos de Abderrahmán I, emir independiente de España, tras vencer a Yusuf, último defensor de los abasidas.

Tras apoderarse Arabi de la ciudad de Zaragoza, llegó el rey franco ante sus muros con buen ejército, pero el musulmán se negó entregarle la ciudad. Cuando se disponía a sitiar Zaragoza, le llegó la noticia de la segunda sublevación del sajón Witikind en el año 778 y levantó el sitio (Milicia) para volar a orillas del Wesser y al cruzar los Pirineos por Roncesvalles, su ejército destrozado por los vascos y los moros, única página desgraciada de esta gloriosa historia militar de Carlomagno, hasta comienzos del siglo IX, en el que poder de Carlomagno llegó a su apogeo.


El material recogido en este artículo procede de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, bajo la licencia GFDL.