Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

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“Campos de Concentración Nazis”, a cargo de Antonio Barragán Moriana
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a cargo de José Barrios Gómiz y Christine Andreu. Sede del Ateneo.

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Georges Bernanos

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Georges Bernanos. Escritor francés nacido en París el 20 de febrero de 1888 y muerto en Neuilly-sur-Seine el 5 de julio de 1948. En su primera novela, Bajo el sol de Satán, ya están patentes sus preocupaciones religiosas. Bernanos ahonda en la psicología del hombre donde tiene lugar el enfrentamiento entre el bien y el mal, la fe y la desesperación. Publicó, entre otros títulos, La alegría, Los grandes cementerios bajo la luna y Diario de un cura rural.

Vida y obra

Novelista, ensayista y dramaturgo católico, es una de las personalidades más originales dentro del panorama francés del s. XX. Nacido en París el 20 de febrero de 1888, se reveló tardíamente en el mundo literario con su novela Sous le soleil de Satan (Bajo el sol de Satanás), 1926, que le valió la notoriedad y la independencia económica para llevar adelante su carrera de escritor. A esta novela seguirán de cerca L'Imposture (La impostura), 1927, La Joie (La alegría), premio Fémina 1929, y en 1936 su obra maestra Journal d'un Curé de Campagne (Diario de un cura rural). Poco antes de la II Guerra mundial emigró a Brasil, donde vivió en la ciudad de Barbacena, para volver a Francia en 1945 donde murió el 5 de julio de 1948 (Neuilly-sur-Seine). Estos últimos años de su vida ven la aparición de la última de sus novelas, Monsieur Ouine (escrita en Brasil en 1943 y publicada en Francia en 1947), pero se caracterizan sobre todo por su intensa actividad de conferenciante, ensayista y panfletario —Les Grands Cimetieres sous la lune (Los grandes cementerios bajo la luna), 1938, Lettre aux Anglais (Carta a los Ingleses), 1942, Écrits de combat (Escritos de combate), 1942-43-44. Diálogos de carmelitas es su única obra dramática, basada en un argumento de Gertrud von le Fort, donde Bernanos muestra extraordinarias dotes para el género teatral en un tema un tanto discursivo pero de una fuerte tensión dramática (esta obra se estrenó en 1952, con posterioridad a su muerte).

Pensamiento

Bernanos se vincula a una visión trágica del cristianismo semejante a la de François Mauriac y Graham Greene, que trata de dar una respuesta de fe al tema esencial en la literatura contemporánea de las relaciones del hombre con el mundo. Visión trágica del cristianismo porque todos ellos insisten en el aspecto desgarrador de la doble postulación baudelairiana del hombre «hacia Dios y hacia Satanás». Pero mientras que en Mauriac la lucha entre el pecado y la gracia, entre el bien y el mal, se libraba en el campo interior del corazón humano, en Bernanos el combate se entabla muchas veces a escala cósmica con intervenciones de lo sobrenatural en el ambiente cotidiano y vulgar de los grises pueblos franceses. Y grises son también, humanamente hablando, sus personajes: el abate Donissan de Bajo el sol de Satanás o el cura d'Ambricourt de Diario de un cura rural esconden bajo su rudeza, bajo su debilidad física, una trágica grandeza y una auténtica santidad. Frente a ellos, el abate Cénabre de La impostura. Bernanos es el novelista del sacerdote que ha renegado secretamente de Dios y que cumple todos los días los gestos de su sacerdocio, representa el polo opuesto. De la misma manera que a la pura y radiante figura de la niña Chantal de Clergerie se contraponen los negros perfiles de la perversa Mouchette.

Bernanos es un pesimista pintor de extremos; tanto el cura d'Ambricourt —cuyas últimas palabras son «Todo es gracia»— como el impostor abate Cénabre —que muere recitando el padrenuestro «con voz sobrehumana»— llevan el combate hasta sus últimas consecuencias. Pero, sean santos o presas de Satanás, hay en todos ellos, según él, una dimensión religiosa, pues «hasta en la blasfemia hay algo de amor a Dios». Mientras que lo estéril, lo desesperanzador, lo que nunca será tocado por la gracia son las almas tibias, cómodamente encerradas en su egoísmo, en su orgullo o en su indiferencia. En este sentido el panfletario prolonga al novelista y su voz ruda y airada (muy semejante en tantos aspectos a la de Léon Bloy) denuncia apasionadamente la mediocridad y la falsa buena conciencia en todos sus aspectos. No obstante el vigor de su estilo alucinado, al pasar al campo de la polémica se descentra frecuentemente y hace que la censura justa y el rasgo incisivo desemboquen en violencias verbales exageradas. Jansenista en cuanto al sentimiento, Bernanos se deja arrastrar en su solitario combate por el caudal de su elocuencia. Con todo, su obra es uno de los más vigorosos testimonios de la literatura contemporánea.

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