Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Miércoles, 26 de abril, 19:00 horas, Tertulia Poética.

Jueves, 27 de abril, 20:00 horas. Ciclo Debates en el Ateneo, charla coloquio:
"Hablemos de Córdoba: Dos edificios y ningún Palacio de Congresos" a cargo de Vicente Serrano.
Presenta Antonio Varo Baena.



FALLO DEL IV PREMIO DE RELATO RAFAEL MIR

FALLO DEL PREMIO AGUSTÍN GÓMEZ DE FLAMENCO

Entregadas las Fiambreras de Plata 2016. Reportaje fotográfico




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Juan Morales Rojas

De Ateneo de Córdoba
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El poeta Juan Morales Rojas nació en Córdoba el 17 de junio de 1918, ciudad que constituyó la base y cimiento de toda su andadura poética y en la que falleció el 10 de abril de 1991. Con los ecos del más puro romancero popular el poeta ha sabido mostrar, a través de su poesía y de su labor docente, el entrañable cariño por Córdoba y sus pueblos, por todos los alrededores que circundan sus bastiones geográficos y por las gentes sencillas, que aparecen revestidas de los más geográficos atributos. Morales Rojas ha sabido glosar el encanto de las tradiciones populares en vibrantes cantares y en poemillas que rezuman amor, cariño y entusiasmo por lo auténtico. Córdoba, sus monumentos y ruinas, sus tradiciones y fiestas, sus ferias y romerías, constituyen belleza, clásica en su conjunto, aunque adornada con el efluvio sentimental de una lírica cuajada de bellezas metafóricas.

No podríamos encasillar a Juan Morales Rojas en un determinado grupo poético, aunque ha habido tentativas de encuadrarlo dentro de los generacionistas del 36. Quizás le uniera a ellos la pureza formal de sus poemas, libres de la corriente versolibrista que había inundado la creación poética del 27 con las secuelas del superrealismo de André Breton. Quizás también la pureza virginal de su poesía, muy acorde con las consignas de la "Juventud creadora". que constituiría posteriormente el núcleo fundamental de la revista "Garcilaso". Quizás también la temática neopopularista, como fina revivificación del Cancionero y Romancero populares; la preferencia por el paisaje localista transido de profunda emoción espiritual y la abundancia de poemas de marcado tono religioso con resortes o manifestaciones filosóficas o existenciales.

Pese a la concomitancia de estas notas, que encontraremos en los generacionistas del 36 y en Juan Morales Rojas, la obra lírica del autor cordobés sigue unos senderos distintos. El autor de Silencio de Pueblo y Pinos y otros poemas de vida y esperanza ha sabido huir de "ismos" y consignas de grupo para moldear una obra propia, autentica y realista. Su estilo literario -artesanía del pensamiento y la palabra- es lúcido, irónico, lleno de trascendente optimismo, de humor suave y elegante, de filosofía vital y cristiana en constante actitud dialéctica.

El poeta recuerda al aticismo de Don Juan Valera, la gracia del gaditano José María Pemán y la multiforme variedad temática del santanderino Gerardo Diego. Su obra es un mosaico multicolor de asuntos cordobeses recreados y vivificados por la magia sedosa de una poesía musical, fluida, rítmica, armoniosa y equilibrada en su métrica para el recitado, con la que el poeta, excelente y consumado rapsoda, consiguió éxitos inigualables en numerosos actos académicos y populares. Rapsodia, Romancero de toro y torero, Campo de Vista Alegre, Poemas de la tierra y del tiempo, y otros cantos de lírica esperanza y Rutas líricas de Córdoba, son algunos de sus libros en verso en los que ha sabido glosar el encanto de las tradiciones populares en vibrantes cantares y en poemas que rezuman el más entrañable amor y entusiasmo por su tierra natal.

En 1988 apareció su obra Silencio de Pueblo y Pinos y otros poemas de vida y esperanza, conjunto de poemas compilados la mayoría de ellos a la sombra de los pinares de Cerro Muriano. En ellos refleja, a la manera machadiana, la profunda humanidad del hombre y del poeta ante el espectáculo insuperable de una naturaleza cargada de vivisima emoción y belleza. Pero la obra de Juan Morales Rojas no termina en el estudio de estas obras. Su libro Córdoba, de la editorial Planeta, ha merecido ser traducido al francés, inglés y alemán. La visión certera y completa de la ciudad de la Mezquita se completa con la magia de su prosa poética. La exaltación de su Córdoba natal alcanza notas diamantinas en las que fluye, cual venero de rica argentería, el más profundo amor por una tierra simpar.

Sus colaboraciones en periódicos y revistas fue constante. Numerosos poemas suyos han aparecido incluidos en la Antología de poemas andaluces y en la Antología de poemas taurinos, de Escelicer. Dio recitales poéticos y conferencias en Madrid y numerosas ciudades españolas. Dirigió y realizó teatro clásico, y unió a su condición de profesor el de Arte Dramático y Declamación. Al igual que Azorín, Juan Morales Rojas es "un pequeño filósofo" amante de lo minúsculo, sencillo y natural. El primor de las cosas pequeñas atraía poderosamente su atención, recreándonos con bellas composiciones y recuerdos de lo lejano, del tiempo pretérito y de viejos personajes populares que revivió en las páginas del Diario Córdoba del que fue uno de sus mejores colaboradores.

'La vieja casa de la calle de los judios
Mi amada y vieja casa de la calle de los Judíos
dormía sobre el muro que la ciudad cerraba.
Tras ella un arroyuelo murmuraba tranquilo
bajo la dulce sombra de las higueras ásperas.
Yo soñaba en el muro;
a mis pies cantaba el agua...
Yo soñaba en el muro
cuando los ruiseñores despertaban al alba.
Cuando algunas palomas blancas
zureaban...
Y miraba a la sierra desde el muro
de mi amada y vieja casa.
Y mi patio tenía
una secreta columna enjalbegada.
Bajo la cal un sueño largo de siglos
en las vetas del mármol esperaba...
Hasta que un día mi padre
a la columna le lavó la cara
y al sol brillaron, en mi patio, divinos
jaspes de la Arabia...
Canarios y jilgueros
a la sombra de Agosto dormitaban...
Yo adoraba la siesta.
Yo su silencio y soledad amaba.
Mi patio y mis higueras, el muro y el arroyo
en luminosa orgía sesteaban.
Y para cantar versos
convertía mi garganta
en un laúd templado
en las jóvenes inquietudes de mi alma.
Y escuchaba el sopor de aquellos dúos
del arroyo y las chicharras
mientras bruma y calima
los lejanos cerros de Sierra Morena desdibujaban
y un romance de prisas monocordes
hacia el río, dulcemente, el arroyo entonaba...
Después gustaba de sentir en mi rostro
el calor de la tarde en el mármol de Arabia
y mis manos caricias prematuras
ensayaban,
igual que si la piedra
hubiese sido el talle de una guitarra
o la cintura mimbreña de una novia
o la acequia que esconde la frescura del agua...
Han pasado los años...
Nevó en los aladares del poeta que canta
¿Dónde fueron aquellas alegrías íntimas,
aquellas alegrías plácidas
del humilde arroyuelo,
de la siesta dormida, tórrida paz lograda,
mientras besaba el muro de canela
el rojo de los tomates que mi padre sembraba...?
Quizá siga durmiendo, entre las piedras,
con mi alma de niño, un suspiro de Arabia;
una kasida bella,
una sangre de flora musulmana,
o la perenne flor, inmarchitable,
de una ilusión que se volvió nostalgia...
Mi amada y vieja casa de la calle de los Judíos.
¡Mi vieja casa siempre amada!
Esta perla que tiembla en mis pestañas...
¿Es acaso una lágrima?...