Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Nueva Junta Junta Directiva del Ateneo de Córdoba

Programa de la Semana Cultural "Córdoba de Gala"

Viernes, 27 de enero, 19:30 horas presentación del poemario "Entre perros y ángeles", de Luis María Pérez (Ganador del XXXVIII Premio Juan Bernier de poesía).
Presenta la ateneísta y poeta Pilar Sanabria.

Lunes, 30 de enero, 19:00 horas, presentación del libro "La Herida de Leopoldo de Luis en el Paraíso del Sur" de Juan Ignacio Trillo Huertas.
Intervendrán el autor y Jorge Urrutia (Catedrático Emérito de la Universidad de Madrid Carlos III). Presentará el acto el Vicepresidente del Ateneo y poeta Manuel Gahete. Sede del Ateneo.

Martes, 1 de febrero, 19:30 horas se presentará el relato "Así, la vida" del narrador, escultor y poeta Ramón Rodríguez Pérez (Ganador del Premio X Concurso de Relatos "Rafael Mir").

CONVOCADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA
X Premio de Relato Rafael Mir.
XXXVIII Premio de Poesía Juan Bernier.
IX Premio Agustín Gómez de Flamenco Ateneo de Córdoba.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2022, relación de homenajeados aquí.

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Ramón Mercader

De Ateneo de Córdoba
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Ramón Mercader del Río Hernández (Barcelona, 7 de febrero de 1914 — La Habana, 19 de octubre de 1978) fue un militar hispanosoviético, criminal convicto por el homicidio de León Trotsky.

Miembro del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), participó en la Guerra Civil Española, en la cual ingresó en los Servicios Secretos Soviéticos. Infiltrado en los círculos trotskistas en París, la NKVD le asignó la misión de ejecutar a León Trotsky por medio millón de dólares.

Llegó a México en 1939 bajo la identidad falsa de Frank Jackson, un rico comerciante canadiense que hablaba francés e inglés, pero no español. Trotsky estaba muy custodiado. Sabía que Stalin buscaba su muerte y el 24 de mayo de 1940 había sufrido un ruidoso atentado dirigido por el famoso muralista David Alfaro Siqueiros. Al fracasar este atentado, Mercader entró en acción. Había conquistado a una de las secretarias privadas, Sylvia Agelof, y después de varios meses de relación logró acceder al círculo de confianza de Trotsky, llegando incluso a regalar bombones su esposa, Natasha.

Mercader lentamente se ganó la confianza de Trotsky, hasta que en la mañana del 20 de agosto de 1940 fue recibido a solas por el dirigente comunista. Mercader supuestamente le traía unos escritos. Trotsky se acercó a la ventana con el objeto de leer mejor y en ese instante Mercader le descargó un feroz golpe de piolet en la cabeza enterrando profundamente la herramienta en el cráneo de Trotsky. Aun así, Trotsky no pereció instantáneamente y sobrevivió entre espasmos y convulsiones por unas 12 horas más antes de fallecer. Sylvia Agelof, al conocer la verdadera naturaleza del interés de Ramón, intentó suicidarse. La casa donde esto sucedió puede verse en el barrio de Coyoacán de la Ciudad de México.

Detenido por los guardias de Trotsky y las autoridades mexicanas, fue condenado por asesinato a veinte años de prisión. Stalin en los primeros momentos no fue relacionado con el asesinato y no le importó la suerte corrida por Mercader. En principio, la declaración de Mercader fue que tenía problemas personales con Trotsky.

En agosto de 1953 se supo su verdadera identidad. Salió de la cárcel en 1960, fijó su residencia en la URSS, más tarde, desilusionado de la desestalinización, se radicó en Checoslovaquia y por último en Cuba, donde estaba su madre, Caridad, quien también había sido militante de la NKVD, donde falleció en 1978. En la KGB llegó a coronel y fue condecorado en secreto como Héroe de la Unión Soviética. Está enterrado en un cementerio moscovita bajo un nombre falso.

Existe una película-documental sobre Ramón Mercader, Asaltar los cielos, de 1996, dirigida por José Luis López Linares y Javier Rioyo. Antes de tratar la figura de Ramón Mercader, trata la de su madre, Caridad, hija de un rico industrial que tuvo gran influencia en la militancia de izquierdas de Ramón y sus hermanos. Como detalle humano, decía Ramón Mercader a un amigo muchos años después del magnicidio: "ese grito, ese grito...", refiriéndose al que profirió Trotsky al hundirle el piolet.

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