Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

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Jueves, 20 de febrero, 20:00 horas. Conferencia y Docurama:
“Campos de Concentración Nazis”, a cargo de Antonio Barragán Moriana
e “Hijos de Mauthausem. Tres generaciones del exilio cordobés”,
a cargo de José Barrios Gómiz y Christine Andreu. Sede del Ateneo.

Abierta la convocatoria para presentar candidaturas a las Fiambreras de Plata 2020. El plazo finaliza el 28 de febrero.

VII Premio Agustín Gómez de Flamenco Ateneo de Córdoba.

Fallo del XXXV Premio de Poesía Juan Bernier.

Fallo del VII Premio de Relato Rafael Mir.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2019, relación de homenajeados aquí.


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Basílica de Coracho

De Ateneo de Córdoba
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Ábside de la basílica.

La llamada Basílica de Coracho es un conjunto arqueológico descubierto en el año 2003 en el término municipal de Lucena, durante las obras para la construcción de un tramo de la autovía A-45 por parte del Ministerio de Fomento.

Más tarde los componentes del yacimiento, una basílica y una necrópolis, fueron trasladados al polígono industrial de La Viñuela, donde el 17 de octubre de 2008 se inauguró su Centro de Interpretación, que tiene también como aspiraciones el convertirse en un nuevo centro de actividades culturales así como de atractivo turístico de Lucena.

El yacimiento y su excavación

Fases históricas de la basílica

La Basílica Constantiniana

La primera de las tres fases constructivas con que cuenta la basílica de Coracho posee un ábside orientado a occidente. Esa es una característica peculiar de las primeras basílicas cristianas, especialmente de las época del emperador Constantino (303-337 d.C.). La arquitectura cristiana de este momento adopta modelos de edificios civiles romanos, como la basílica, para sus necesidades de culto. Pero la falta de una tradición arquitectónica anterior hace que el reinado de este emperador sea un auténtico laboratorio donde se ensayen multitud de modelos de edificios, todos ellos diferentes y condicionados por las tradiciones locales y el presupuesto de los mecenas o las comunidades que las costean. Estas se volcarán, especialmente, en la edificación de basílicas martiriales (martyrium) como recuerdos a los mártires de las grandes persecuciones de finales del s. III d.C., especialmente la llevada a cabo por Diocleciano. La primera fase de la basílica de Coracho cuadra perfectamente con el ambiente histórico-artístico de inicios del s. IV d.C. Se trata de un edificio rectangular de 35’40 x 18’60 m (120 x 63 pies romanos exactamente) realizado en mampostería y con el acceso en el Sur. Tiene un ábside inscrito con forma de letra omega. La nave central (27’5 pies romanos) está flanqueada por dos naves laterales (12’5 pies cada una), un deambulatorio tras el ábside para observar las reliquias de los mártires y una “cuarta nave” a los pies del templo. La nave central estaría limitada por columnas, separadas unas de otras poco más de 18 pies. Su altura sería superior a las otras naves, por lo que tal vez debió contar con ventanas para iluminar el interior.

Las reformas de Época Bizantina

El Imperio Bizantino gobernado por Justiniano se aprovechó la ocasión que le brindó una lucha sucesoria entre facciones visigodas para desembarcar en la antigua Hispania y, así, conquistar parte de sus territorios. Las reformas que se producen en la basílica de Coracho nos indican que los bizantinos ocuparon esta zona. De hecho, esta sería una de las pocas construcciones en toda España donde se ha podido detectar con claridad elementos arquitectónicos realizados directamente por los bizantinos. Las reformas son tres:

A) Por alguna razón que desconocemos, la cubierta se hundió y se decidió repararla, cambiando de paso las diferentes columnas. Aunque sólo hemos hallado las basas de época bizantina, es lógico suponer que la remodelación afectó a columnas y techo. Estas basas se caracterizan por tener unas molduras muy geométricas y por no asemejarse mucho a las basas clásicas romanas, aunque proceden de ellas.
B) En el ábside se realiza un synthronon, elemento típico de la liturgia bizantina. Consiste en un rebanco situado paralelo al muro del ábside, y que servía para que los sacerdotes se sentaran mientras se realizaba la Misa. Este elemento es totalmente ajeno a la liturgia que se desarrollaba en Occidente. En ambos territorios, era común que los clérigos ocuparan en exclusiva la nave central de las iglesias, pero en Oriente, además, se les reservaba un lugar de privilegio junto al altar, para poder mirar de frente la celebración de los Misterios, la Transustanciación, es decir, la transformación del pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo. Hay que recordar que hasta el Concilio Vaticano II, el oficiante celebraba la Misa de espaldas a los Fieles.
C) La última de las reformas consistió en monumentalizar el ábside, creando lo que se llama en Historia del Arte “un esquema de arco de triunfo”. En este caso, dicho esquema consistió en un par de columnas que sustentaban el arco del ábside, que probablemente estuvo decorado con pinturas. Un ejemplo de este tipo de decoración la encontramos en la iglesia bizantina de Le Kef (Túnez), fechada en el siglo VI d.C., como las reformas de la basílica de Coracho.
Vista parcial de la necrópolis.

Las Reformas de Época Visigoda

Los visigodos, entre finales del siglo VI e inicios del VII d.C., lograron arrebatar los territorios del sur de Córdoba a los bizantinos. Inmediatamente iniciaron una política de reconstrucciones de ciertos edificios emblemáticos, para hacer ver a la población su respeto hacia las ellos y hacia sus tradiciones y, de paso, transformar aquellos lugares que recordaran (auque sólo fuera un poco) a los anteriores dominadores, los bizantinos. En ese contexto hay que situar la reforma de la basílica de Coracho que nos habla de un cambio importante en el uso del edificio. La primera reforma será el cierre de la nave central con un murete de apenas un metro, que usará materiales reaprovechados de la iglesia anterior, por lo que podemos suponer que, al menos en parte estaba destruida. La intención es hacer un coro, espacio cerrado reservado a los clérigos en la liturgia visigoda. Éste tenía un acceso al sur y desde él se accedía a los dos ábsides. Una vez que se cerró la nave central y se convirtió en coro, se procedió a construir el ábside oriental. San Isidoro de Sevilla, en su gran obra Etimologías (XV, 4, 7) insiste en que todas las iglesias deben estar orientadas hacia el Este. Tal vez por esta razón se edificó un ábside oriental, cuadrado, como es típico en la mayoría de las iglesias visigodas, que estaría cerrado por canceles (losas de piedra o mármol decoradas) y con el interior sobreelevado para situar el altar, del que desgraciadamente no tenemos restos. A los lados existen sendos accesos, que tal vez pudieron servir para aspectos litúrgicos, como el dar la comunión a los hombres (que se situaban en la nave norte) y a las mujeres (que ocupaban el sur), ya que el coro estaba ocupado por el clero y era imposible la administración de la eucaristía desde el propio ábside oriental. Finalmente, se realiza un edificio exento, al Este de la basílica, cuya funcionalidad es muy difícil de establecer. Hay dos hipótesis: a) que se trate de un mausoleo, para albergar los sarcófagos de una o varias personas; y b) que se trate de un baptisterio. Ambas opciones cuadran bien con la época, puesto que ahora se empiezan a generalizar los mausoleos monumentales junto a las iglesias y, en el caso de los baptisterios, el rito bautismal ha dejado de usar las piscinas (rito de la inmersión) y se empiezan a usar las pilas (rito de la aspersión), como la hallada en las excavaciones de la Mezquita de Córdoba y que se fecha, precisamente, en la segunda mitad del siglo VII d.C.

Referencias