Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Miércoles 22 de enero, a las 19:00 horas TertuliaP oética en la Sede del Ateneo.
Jueves 30 de enero, 18:00 horas. Convocatoria Asamblea Anual Ordinaria. Sede del Ateneo.
Jueves 30 de enero, 20:00 horas. Entrega del Jacobino de Oro a la ateneísta Milagros Páez Pérez. Sede del Ateneo.

VII Premio Agustín Gómez de Flamenco Ateneo de Córdoba.

Fallo del XXXV Premio de Poesía Juan Bernier.

Fallo del VII Premio de Relato Rafael Mir.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2019, relación de homenajeados aquí.


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De duelos

De Ateneo de Córdoba
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No tuve la fortuna de tratar de cerca a Francisco Fernández Caballero, a quien el pasado jueves rendía homenaje el Ateneo en el aniversario de su muerte. Tan sólo dos o tres encuentros en diversas citas culturales, en las que conversamos animadamente, eso sí. Sin embargo, para entonces yo tenía ya contraída una deuda de gratitud con él. Porque el cine no sólo se degusta mediante la mirada. El cine también se lee. Y las reseñas que publicó en la prensa local durante años, durante mi adolescencia y juventud, inocularon en mí una pasión por el Séptimo Arte que aún hoy pervive.

En esas contadas ocasiones tuve la sensación de hallarme ante un hombre adusto pero afable, cuya personalidad parecía corresponderse fielmente con el modo de entender y encarar su oficio. Erudición, sí, pero a la vez llaneza, sencillez. Cine americano, sí, ¿por qué no? Pero también francés, italiano, alemán… Entendía la crítica de un modo muy similar al gran maestro que fue en nuestro país Alfonso Sánchez. La crítica es básicamente la valoración estética de una obra. Debe contener juicios de valor fundados. Pero no es prescriptiva como la medicina, y desde luego no tiene por qué ser denigrante. Tras sus pasos llegaron los nombres de Fernando Molero Campos o Manuel Ángel Jiménez, que contribuyeron a hermosear el frondoso árbol que Caballero había plantado.

En el año 2001 se publicó su obra póstuma El personal, un friso de nombres emblemáticos de la vida social cordobesa, con entrevistas que eran más bien conversaciones amables, y que tuve el honor de prologar merced al ofrecimiento de Antonio Perea, a la sazón buen amigo suyo.

El talento y el buen oficio de Fernández Caballero nos evoca la figura, tan frecuente por estos pagos, de quien no es reconocido conforme a sus méritos, o que lo hubiera sido en mayor grado de residir o haber nacido en otro lugar. Y hablamos no tanto de la percepción del entorno –lo que nos remitiría al consabido tópico de que nadie es profeta en su tierra- como de un rasgo peculiar de la idiosincrasia del cordobés, pues es a menudo el propio individuo el que resta relevancia a su figura, y a la callada pero fértil labor que realiza. Algo de esto se da también en el caso de nuestro querido compañero y cordobés de adopción , Antonio Muñoz, de cuya dolorosa pérdida acabo de tener triste noticia al momento de escribir estas líneas.

Se sea o no creyente, si es cierto que las personas siguen vivas cuando su recuerdo y legado perviven en el corazón de quienes les conocieron, es claro que tanto Francisco Fernández Caballero como Antonio Muñoz Hidalgo siguen vivos hoy para todos nosotros.

Hoy y para siempre.