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Bética

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Mausoleo romano en Córdoba

En Hispania, cuyo nombre griego era Iberia, se establecieron tres provincias bajo la administración del Imperio romano: Hispania Baetica en el sur, Lusitania en el actual territorio de Portugal y Extremadura, y la Hispania Tarraconensis en el norte y noreste. La capital de esta provincia era la ciudad de Corduba.

Sustrato indígena

Antes de la romanización, las áreas montañosas que luego se convertirían en la Baetica estaban ocupadas por numerosos grupos tribales íberos. La influencia celta no era tan fuerte como en el norte penínsular. Según el geógrafo Claudio Ptolomeo, los indígenas eran los poderosos turdetanos en el valle del Guadalquivir al oeste, bordeando la Lusitania, y los parcialmente helenizados túrdulos con su ciudad Baelon, situada entre las colonias comerciales costeras fenicias y a cuyos habitantes púnicos Ptolomeo les dio el nombre de bástulos. La ciudad fenicia de Gadir (Cádiz) se hallaba sobre una isla frente a la costa de la Baetica. Otros importantes íberos eran los bastetanos, que ocupaban la actual Almería y las zonas montañosas de lo que hoy es la provincia de Granada. Hacia el sureste, la influencia púnica se dejaba notar en las ciudades cartaginesas de la costa: Cartago Nova, Abdera (Adra) y Malaca (Málaga).

Algunas de la ciudades íberas conservaron sus nombres preindoeuropeos en la Baetica a lo largo del dominio romano, como Granada, que era llamada Eliberri, Illiberis e Illiber por los romanos; en euskera, iri-berri significa «nueva ciudad».

Provincia romana

La extensión territorial de la provincia romana, se correspondía con más del 75% de la actual Andalucía (las provincias completas de Huelva, Sevilla, Cádiz, Málaga y Córdoba, la mitad occidental de las de Granada y Jaén y una quinta parte de la de Almería) y una cuarta parte de la actual Extremadura (sur de Badajoz). La zona oriental de Andalucía (desde Cástulo (Linares) en Jaén, desde Acci (Guadix) en Granada y desde posiblemente el oeste y norte de la actual ciudad de Almería), pertenecieron durante un breve periodo, al menos parcialmente, a la nueva provincia Baetica, hasta que se produjo una rectificación en favor de la Tarraconense (se ha aducido que posiblemente se decidió la rectificación en pos del control directo de las minas de la zona por parte del propio Augusto, ya que frente a la senatorial Baetica, la Tarraconense dependía directamente del poder imperial).

Tras la derrota de Cartago en la Segunda Guerra Púnica, cuyo casus belli había sido el control de la ciudad costera de Sagunto, Hispania fue prácticamente romanizada en su totalidad durante el segundo siglo antes de Cristo tras la sublevación de los turdetanos en el 197 a. C. Los pueblos celtíberos del noreste y en centro de la Península les siguieron pronto el juego. Esto llevó a Catón el Viejo, convertido en Cónsul el 195 a. C. y al que se le había dado el mando en toda la Península, a aplastar la revuelta iniciada por los turdetanos. Catón volvió a Roma en el año 194 a. C., dejando a dos pretores a cargo de las dos provincias ibéricas. En los últimos tiempos de la República Romana, Hispania seguía dividida en dos provincias: la Más Cercana (Citerior, que comprendía mayoritariamente al valle del Ebro) y la Más Lejana (Ulterior, centrada en el valle del Guadalquivir). La mayor parte de las luchas del siglo siguiente estuvieron casi siempre localizaddas en el norte de Hispania.

Con la reorganización imperial de Augusto, el 14 a. C., Hispania queda dividida en tres provincias imperiales: la Baetica fue a partir de entonces gobernada por un procónsul, habiéndolo sido antiguamente por un pretor. La fortuna sonrió a partir de entonces a la rica Baetica, que se vio convertida en uno de los más dinámicos y desarrollados centros económicos del imperio, absorbiendo a poblaciones de esclavos liberados, así como a otras mucho menos numerosas de las élites pudientes. La Baetica se convirtió en provincia senatorial al no necesitar la presencia de ninguna legión allí estacionada. La Legio VII Gemina fue estacionada de forma permanente en el norte, en la Hispania Tarraconensis.

La Baetica fue dividida en cuatro conventos (conventus iuridici), divisiones territoriales y partidos judiciales, donde los principales de las diferentes comunidades de la provincia se encontraban en momentos prefijados del año bajo la dirección de un legatus iuridicus del procónsul para supervisar la administración de justicia: Gaditanus con capital en Gades (Cádiz), Cordubensis con capital en Corduba que también era la capital de la Bética, Astigitanus con capital en Astigi, e Hispalensis con capital en Hispalis (Sevilla).

A pesar de algunos trastornos sociales, como cuando Septimio Severo condenó a muerte a un gran número de habitantes de la provincia, incluyendo a mujeres, la élite de la Baetica permaneció como un grupo social estable durante siglos.

La Baetica era rica y estaba completamente romanizada, hechos que el emperador Vespasiano recompensó cuando promulgó el ius latii minor por medio del Edicto de Latinidad, que extendía los derechos de ciudadanía romana (latinitas) a los habitantes de Hispania, un honor que aseguraba la lealtad de la élite bética así como de la clase media. El emperador Trajano, primer emperador de origen provincial, así como su sucesor Adriano procedían ambos de la Baetica, concretamente de Itálica (Santiponce, provincia de Sevilla).

Recursos

La agricultura del sur de la Península Ibérica era especialmente rica, exportando vinos, aceite de oliva y también una salsa de pescado fermentada llamada garum, fundamental en la dieta mediterránea romana. Estos productos formaron parte del comercio del Mediterráneo occidental hasta que éste quedó sometido a Roma en el 206 a. C..

Columela, quien escribió veinte volúmenes que trataban todos los aspectos de la agricultura romana y la viticultura, procedía de la Baetica. Las vastas plantaciones de olivos de la Bética proporcionaban aceite de oliva que era transportado por mar y suministrado, entre otros, a las legiones romanas en Germania. Las ánforas de la Bética han sido halladas a lo largo y ancho del Imperio Romano de Occidente. Para conservar el control de estas rutas marítimas el Imperio necesitaba controlar las distantes costas de Lusitania y la costa del Atlántico al norte de Hispania.

La Baetica desde el siglo V

La Baetica fue romana hasta la breve invasión de los vándalos y los alanos, que atravesaron la Península en el siglo V, seguidos por el más permanente reinado de los visigodos.

A mitad del siglo VI, una parte importante de la Baetica y la carthaginensis fue conquistada por el emperador bizantino Justiniano I posiblemente con el apoyo fundamental de la población, fuertemente romanizada y que estaba en contra de los visigodos y deseaba la vuelta al orden romano y católico. Con los territorios conquistados, Justiniano formó la provincia de Spania, incluyó ciudades tan importantes como Hispalis y Corduba y estableció la capital en Carthago Spartaria (Cartagena).

Los obispos católicos de la Bética, sólidamente apoyados por la población local, consiguieron convertir al rey visigodo arriano Recaredo y sus nobles. En el siglo VIII, los bereberes islámicos del norte de África establecieron primero un emirato, y posteriormente un califato en Córdoba tras conquistar la Baetica junto con la mayor parte de la Península. La región fue conocida desde entonces como al-Ándalus, nombre del que deriva el actual nombre de Andalucía.

Véase también

Referencias

  • Cortijo Cerezo, M. L. (1993). La administración territorial de la Bética romana.
  • Corzo Sánchez, R. (1992). Las vías romanas de Andalucía.
  • Ponsich, M. (1988). Aceite de oliva y salazones de pescado: factores geoeconómicos de la Bética y la Tingitana.
  • Roldán Hervás, José Manuel (2007). Historia Antigua de España. UNED. ISBN 978-84-362-4396-3.
  • Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Bética.
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