Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

II SEMANA LITERARIA (2018) DEL ATENEO DE CÓRDOBA.

Lunes, 12 de noviembre a las 19:30 horas, sede del Ateneo, presentación de los Premios
Juan Bernier (Libro "Ampuesta" de José Luis Molina)
y Rafael Mir de Relato ("Ruiseñores de Fuego" de Fernando Molero).

Miércoles 14, 20:30 horas, sede del Ateneo, presentación del poemario "Jardín de Paracelso" de Alfredo Jurado.

Lunes 19, 19:30 horas en el Círculo de la Amistad, presentación Libro-homenaje a Juana Castro.

Martes 20, 20:00 horas en el Círculo de la Amistad, presentación de la novela "Velas para el dragón rosado" de Miguel Ranchal.

Viaje a Montilla el sábado 10 de noviembre: Precio: 35 € por persona. Se pagará el mismo día.
Incluye: Viaje ida y vuelta, visita guiada museo Santa Clara, visita guiada Lagar y comida.
Fecha límite para apuntarse el 7 de noviembre.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

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Tomás Pavón

De Ateneo de Córdoba
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El cantaor Tomás Pavón Cruz, (Sevilla, 16 de febrero de 1893 - 2 de julio de 1952). Hermano de Niña de los Peines y Arturo Pavón. Su trayectoria artística estuvo limitada a las reuniones de cabales y a la discografía que realizó, toda ella de suma importancia, en la que dejó un legado magistral y reflejada su original personalidad artística. De carácter retrotraído y aficionado a las manualidades, le gustaba la relojería y la practicaba como entretenimiento, escogía detenidamente sus actuaciones privadas. Su muerte, a los cincuenta y nueve años, fue a causa de un cáncer de pulmón que padeció durante años, y que influyó en su disposición para ejercer su arte.

A este respecto, dejó escrito Augusto Butler: "Fue proverbial la sempiterna tristeza de Tomás. Se salía por los ojos. Recuerdo su sonrisa, forzada casi siempre, que más que sonrisa parecía una mueca dolorosa". Su repertorio fue muy amplio y sus cantes y sus características personales han sido glosadas ampliamente por los estudiosos los cuales le consideran casi unánimemente uno de los más grandes artífices del cante flamenco de este siglo: Fernando el de Triana: "En los cantes de Enrique El Mellizo hace verdaderas filigranas, y en los cantes de Jerez, por seguiriyas raya a gran altura, porque además de ser un gran copista los canta con admirables facultades. Es una verdadera lástima que este notable cantador no se exhiba en público, donde aseguro que tendría más porvenir económico y su fama se elevaría al sitio a que a tan buen cantador corresponde". Ricardo Molina: "Tomás vivió ignorado, con su fabuloso tesoro de siguiriyas, soleares, martinetes y sólo reducidas minorías le reconocieron en vida su grandeza y superioridad.

Tomás Pavón mantuvo con estilo personal inconfundible las más puras tradiciones flamencas. Hoy sus grabaciones constituyen la mejor escuela de cante para el buen aficionado. De hecho son numerosos los cantaores que, sin saberlo, hacen los cantes de Tomás, especialmente soleares y martinetes, pero mal aprendidos y peor asimilados. Perteneció Tomás Pavón al grupo de los raros, al que pertenecieron antes que él los maestros El Loco Mateo, Tomás El Nitri y Manuel Torre; raros en el sentido social porque conscientes de su real grandeza artística pasaron por la vida con gallardía olímpica y alma generosa. La época comprendida entre 1930 y 1950 podría ser calificada muy bien como época de Tomás Pavón, porque fue él -muerto Manuel Torre- el más egregio cantaor de ese período. Tomás Pavón llenó en parte el gran vacío que había producido en el cante la desaparición de Manuel Torre... Aunque lo más popularizado y conocido son las versiones que nos dejó Tomás de las soleares de La Serneta, Enrique El Mellizo y Alcalá, estimamos que su máxima aportación la constituyen los cantes viejos de Triana que él salvó del olvido: las siguiriyas abruptas y profundas del señor Manuel Cagancho, los viejos martinetes, la toná grande y la debla.

La escuela sevillana revivió con esplendor inusitado y casi secreto en el arte supremo del gran cantaor sevillano del siglo. Sin pena ni gloria vivió y murió el gran Tomás porque le tocó vivir una época adversa.... y a la medida que el tiempo pasa su figura agigántase y sus cantes empiezan a estimarse por muchos aficionados del mundo entero como la más pura, honda y radical expresión del auténtico flamenco".

Antonio Rodríguez de León: "Tomás Pavón no sólo aportaba razones, sino ejemplos. Era el maestro que, a la par que teorizaba, actuaba. Contaba y.... cantaba. Y si cuando vertía discursos, conmovía; cuando vertía cante, convencía... Tomás Pavón era: todo un catedrático en materia tan ardua y difusa. Tan seguro estaba de sus conocimientos, que soñó una vez con instalar una academia de cante jondo. ¿Cómo, le pregunté, si estamos convencidos de que el cante jondo no se enseña ni se aprende? Pero se perfecciona, me advirtió. Ciertamente. Como se perfecciona la pintura, como se perfecciona la poesía. Y, sobre todo, lo que Tomás Pavón quería era, con absoluta sencillez y dominio, señalar y establecer diferencias, corregir a los equivocados, enderezar a los perdidos, velar, en suma, por la pureza de arte que, como digo no admite simulaciones, copias y parentescos estrafalarios. 0 es o no es...

Yo tengo la evidencia de que Tomás Pavón era un vestigio -pulido por el tiempo- de la raza india. Cuando se lo decía, enarbolaba, con sonrisa complaciente un: Pué sé, que partía los corazones. Todos los signos exteriores y característicos de los hijos del Indostán se concretaban en su escultura. Las líneas, los colores, los movimientos. Y, en lo hondo, en lo jondo, su filosofía. Y, desde luego, ya embriagado de nuestro sol y de nuestro misticismo castizo, su cante jondo. Por algo lo instituyó heredero Manuel Torre, ¿Tuvisteis la fortuna de oír a Tomás Pavón? Si lo oísteis alguna vez, podéis afirmar que habéis descorrido el secreto de un mundo inédito. De un mundo en el que no es posible permanecer, por los minutos de una copla, si no es la garganta de uno de estos hombres privilegiados, artífices sutiles de un arte sin parangón posible. Porque, por ejemplo, una siguiriya, cuando la decía Tomás Pavón, era una especie de salvoconducto para que interrumpiéramos, de pronto, en lo intrincado de una raza inquieta e inquietante que lo expresa todo, todo lo suyo, dramático, intransferible y lejano, por los duendes de su garganta... Todo eso y mucho más había en una auténtica siguiriya gitana cuando la florecía Tomás Pavón... Parecía como si la vida toda quisiera cantar, por temor a Dios, la angustia metafísica del amor y de la muerte sin esperanza".

José María Porras: "Cuando Tomás Pavón ponía cátedra en la intimidad de sus afectos, un mundo nuevo -subyugador y fulgurante- se habría ante nosotros. Su voz, su media voz, parecía salir de lo profundo -de lo jondo- de la tierra caliente de fiebre, de superstición y de locura. ¿Qué cante es el cante jondo que tal impresión produce en los que tienen la suerte de presenciarlo?... Es el cante jondo la contraseña de una raza taciturna y errante, por la cual contraseña se comunica y comunica los misterios de su alma, y de la cual raza Tomás Pavón, que murió en Sevilla en olor de cante jondo, era uno de sus últimos y máximos pontífices".

Finalmente transcribimos una serie de párrafos del más profundo estudioso del cante de Tomás Pavón, Anselmo González Climent: "Esa justipreciación tan corriente que sustenta la fama de un artista según la magnitud de su interés polémico, carece de sentido en el caso de Tomás Pavón. A Tomás nadie lo ha discutido. Crítica, colegas y aficionados le han sido unánimes... Dos circunstancias demasiado simples pretenderían explicar la serenidad de su tránsito artístico: el haber sido hermano de la rutilante Niña de los Peines y el hecho de apartarse del azaroso mundo flamenco. Pues bien; al subir a la fama coincidentemente con Pastora (recuérdese que sus discos eran anunciados literalmente: Por Tomás el hermano de La Niña de los Peines), y el autolimitarse por carácter, y hasta por propia concepción íntima diría yo, a cultivar el cante entre cabales, a puertas cerradas, acaso fueron elementos perjudiciales que le acompañaron durante toda su carrera de libre jipiador. A pesar de todo, estimo que luchando contra tales desventajas -póngase cualquiera en su lugar- pudo al cabo Tomás imponer el rastro de su personalidad a lo largo del siglo. En última instancia, Pastora y Tomás no configuraron simples variantes sobre un mismo y fraternal estilo flamenco. Las diferencias, son apreciables. Además, y en el otro sentido ya apuntado, la actuación minoritaria de Tomás pudo haberle supuesto un total anonimato frente a las dos o tres generaciones de flamencos que llegaron a escoltar su vida. Y ello no ha sido así. Hoy, entre los aficionados de reciente hornada, sigue siendo vivo y ejemplarizante su recuerdo. La nota de pureza que tan esencialmente lo embarga, bastaría para justificar su gravitación en la historia flamenca. Con Aurelio de Cádiz y otros pocos más, Pavón es uno de los cantaores menos influenciados por escuela, generación o maestro alguno.

Nada ilustrativo resulta agotar su secreto con una vaga filiación de la escuela de Triana, ni con una desmesurada suposición sobre hermanadas interinfluencias con Pastora. Tan inoficioso sería enjaularlo en una dinastía familiar como en la emboscada de una escuela. Hay quienes ciñen sus siguiriyas por Triana, sus soleares por Cádiz, sus cantes chicos por Jerez... Lo cierto e importante es que todo el manantial de raíces y genealogías que se le atribuyen le han penetrado como una herencia tácita, climática. Por ello, no puede extrañar que en su época haya personificado el sentido (y el sentimiento) de lo que en flamenco todavía podemos entender por tradición viva... Es historia serenando historia. No se trata de un vano enciclopédico, sí de un aficionado a quien le es propio y natural liarse con las influencias más primitivas y palpitantes del cante... Flamenco es para él una prolongación expresiva de su ser, en ningún caso una jugada esteticista... Es inimaginable un Tomás directamente ofrecido al escenario flamenco. Hubiese traicionado su sino unívoco, soledoso... Lo verdadero es que, sin impaciencias, renunciando a explorar nuevas zonas estilísticas, profundizó lo dado, creciendo sobre sí mismo".

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