Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

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Fallo del VII Premio de Relato Rafael Mir.

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Flamenco en la Universidad cordobesa

De Ateneo de Córdoba
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El 25 de enero del pasado año asistíamos gozosos a la presentación del libro Presencia de Cántico en el flamenco, de Agustín Gómez, publicado por el Ateneo de Córdoba, a cargo del poeta Manuel Gahete. Tan magno acontecimiento tuvo lugar en la Real Academia de Córdoba, acompañado de un brillante recital, como siempre, a cargo de Luis de Córdoba y Manolo Silveria a la guitarra.

En la apertura del acto, decía don Ángel Aroca Lara, director de la misma que “nuestra Academia no puede ni quiere vivir a espaldas del flamenco, una manifestación tan magníficamente andaluza y cordobesa, que, además, por su condición de artística, entra de lleno en el campo de estudio de una de sus secciones, la Nobles Artes”. Por otra parte, Agustín Gómez apuntaba: “El flamenco necesita también audiencias reflexivas”.

Este acercamiento de la intelectualidad hacia el flamenco viene de lejos. De todos es conocido sus primeros inicios documentales en los escritores costumbristas de mediados del siglo XIX, acrecentado con las posturas de don Antonio Machado y Álvarez “Demófilo”, Rodríguez Marín o Hugo Schchardt, entre otros. Incluso llegó a soportar cierto rechazo más adelante, a primeros de siglo, auspiciado por la pluma de un Pío Baroja, José Bergamín o un Eugenio Noel, por ejemplo, quien siendo gran conocedor del flamenco, lo atacó furibundamente con sus escritos antiflamencos (y también antitaurinos). En el fondo este rechazo y ataque no iba dirigido hacia el flamenco sino hacia “los flamencos”. Repudiaban esa cáscara vana y hueca, llena de oropeles, que envolvía, por entonces, al mundo flamenco. Era la España de charanga y pandereta, que líricamente describía don Antonio Machado, la que miraban con “buenos ojos”.

Tras el paréntesis obligado por la guerra civil y los años de postguerra, el horno no estaba para bollos, se reinicia este acercamiento en los primeros años cincuenta con la publicación ¡en París! De la Antología del cante flamenco, editada en España al año siguiente por la firma Hispavox. Comentaba Andrés Raya en una de sus conferencias que quien mayor partido obtuvo en esta publicación fue Pepe de la Matrona quien repetidamente era requerido por la Universidad parisina y la madrileña.

Por esos años, los componentes del grupo Cántico cordobés estaban vinculados vivencialmente con el flamenco y fue el I Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (1956) el que dio el definitivo espaldarazo a este acercamiento, para seguir, años más tarde, con la creación de la Cátedra de Flamencología de Jerez.

A finales de la década de los sesenta y principios de los setenta proliferan las actuaciones de artistas flamencos en ámbito universal. Eran años de contestación y enfrentamiento, tanto cultural como político, hacia la dictadura.

La Universidad, la Real Academia, los conservatorios han mostrado ya este reconocimiento hacia el flamenco. El flamenco llegó a pisar sólo artísticamente los ambientes universitarios, pero lo acontecido la noche del miércoles en el Colegio Mayor Séneca de nuestra ciudad fue una cosa totalmente diferente y de infinita importancia para el flamenco en general y el flamenco cordobés en particular.

Vivimos unos momentos históricos, pues el flamenco se vistió de gala para entrar en el corazón de los universitarios cordobeses, que tendrán a partir de ahora la oportunidad que no tuvimos otros de acercarse al flamenco sólo a través del arte, sino a través del estudio y la investigación.

Reducidos colectivos cordobeses, no universitarios precisamente, llevamos años, algunos como El Rincón Flamenco, al que me honra pertenecer, ya han cumplido veinticinco años de existencia, dando la cara en la conservación, defensa, promoción y dignificación de una cultura que nos pertenece. Volveré a repetir cien veces que vivimos en una selva cultural extranjerizante del “sálvese quien pueda” y ahí los flamencos llevamos las de perder, pero los momentos vividos en esa noche pueden ser la luz que nos ilumine capaz de despejar tan funestos augurios.

Con la sala totalmente abarrotada, con muchísimo público de pie en los pasillos, el éxito artístico fue apoteósico, pues Carmen Linares, Manuel Silveria, Milagros Mengíbar y su grupo, deslumbraron con su arte. Pero el éxito en sí hay que buscarlo en haber logrado el flamenco cordobés una Cátedra de Flamencología bajo el cobijo de la Universidad cordobesa.

No cabe, a partir de ahora, mayor satisfacción y responsabilidad para la persona que ha conseguido tan magnífico logro. Con un bagaje de muchísimos años de estudio, de mil vivencias flamencas, tan cercano y tan amigo de los que sufrimos en nuestras carnes el flamenco, don Agustín Gómez Pérez, al que desde aquí quiero expresarle públicamente mi más sincera felicitación, con su tenacidad y esfuerzo sabrá hacer germinar, y así se lo deseamos, la semilla de ese árbol recién plantado como es la Cátedra de Flamencología, cuyo fruto, a base de investigación, y estudio, estoy seguro recogeremos pronto.
José Carmona Pulido
Diario Córdoba, 3 de febrero de 1997