Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

ATENCIÓN QUEDAN SUSPENDIDOS TODOS LOS ACTOS Y ACTIVIDADES PROGRAMADAS. SE COMUNICARÁ SU REINICIO.

II JORNADAS CULTURALES FLAMENCAS “EL TOTO” DEL ATENEO DE CÓRDOBA.APLAZADAS

Viernes 13 de marzo, las 19:30 horas: Concierto Trío ARCAMO:
Libertad Arce (piano). Juan Carlos Carrillo (flauta). Mariló Moreno (clarinete). Lugar: Real Círculo de la Amistad.APLAZADO

Lunes 16 de marzo, 19:30 horas. Ciclo POETAS EN EL ATENEO: recitará el poeta malagueño José Sarria.
Presenta Manuel Gahete. Sede del Ateneo.APLAZADO

Jueves 19 de marzo. 19:30 en la sede del Ateneo. Conferencia de Pepe Carmona: "Preludios del toque en la Córdoba del siglo XIX".
Al cante: Lucía Leiva. A la guitarra: David Navarro.APLAZADO.

CONVOCADOS LOS PREMIOS LITERARIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

VIII Premio de Relato Rafael Mir.

XXXVI Premio de Poesía Juan Bernier.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2019, relación de homenajeados aquí.


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La cultura en el franquismo (Cine)

De Ateneo de Córdoba
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Cine franquista

El propio Franco era muy aficionado al cine, y escribió (bajo seudónimo) el guion de Raza (1941, José Luis Sáenz de Heredia). La colaboración con el cine alemán e italiano durante la guerra mundial dio paso, tras la derrota del Eje, a la recepción del cine estadounidense en un entorno de censura nacionalcatólica; y a una producción interior, sometida a un férreo control económico (el crédito sindical), en la que únicamente contados cineastas e intelectuales próximos a Falange se pudieron permitir algunas producciones de carácter crítico (Surcos —1951, dirigida por José Antonio Nieves Conde y con guion de Gonzalo Torrente Ballester—). Obviamente, la posguerra estuvo dominada por un cine imperial y nacionalcatólico que glorificaba el pasado histórico y la misión salvífica de clero y ejército (Los últimos de Filipinas —1945, Antonio Román—, Reina santa —1947, Rafael Gil, que el mismo año protagonizó con La fe un escándalo en la teocrática Sevilla del cardenal Segura—,98 Locura de amor —1948, Juan de Orduña—, La mies es mucha —1948, Sáenz de Heredia—, Botón de ancla —1948, Ramón Torrado—, Balarrasa —1950, Nieves Conde—, Alba de América —1951, Juan de Orduña, 1951—, Amaya —1952, Luis Marquina—, Molokai —1959, Luis Lucia—), junto a un cine más ligero, cómico y folclórico-musical, que también cumplía su papel ideológico al defender la institución familiar y, presentando la imagen de la sociedad española como próspera, feliz y unida, negar todo posible conflicto de clase o territorial (Morena Clara —1954, Luis Lucia—, Esta voz es una mina —1956, Luis Lucia—, Las chicas de la Cruz Roja —Rafael J. Salvia, 1958—, La gran familia —1962, Fernando Palacios—). En estos mismos géneros surgió el fenómeno de los niños prodigio (Pablito Calvo —Marcelino pan y vino, 1955, Ladislao Vajda—, Joselito —El pequeño ruiseñor, 1956, Antonio del Amo—, Marisol —Un rayo de luz, 1960, Luis Lucia—, Rocío Dúrcal —Rocío de la Mancha, 1963, Luis Lucia—, Ana Belén —Zampo y yo, 1965, Luis Lucia—). Simultáneamente, directores como Luis García Berlanga (Bienvenido Mister Marshall, 1953), Juan Antonio Bardem (Muerte de un ciclista, 1955), Marco Ferreri (El pisito, 1958), Francisco Rovira Beleta (Los Tarantos, 1962), Manuel Summers (Del rosa al amarillo, 1963), Fernando Fernán Gómez (El extraño viaje, 1964), Basilio Martín Patino (Nueve cartas a Berta, 1965), Carlos Saura (La caza, 1965) o Víctor Erice (El espíritu de la colmena, 1973), junto a guionistas como Rafael Azcona y Pedro Beltrán y productores como Elías Querejeta, iban encontrando los resquicios que permitía la cada vez más flexible censura y consiguieron películas que pueden considerarse alternativas, tanto por su carácter excepcional como por su renovación estética y de contenidos. Al final del periodo, incluso se buscó recuperar a un exiliado como Buñuel (al que se permitió rodar en España Viridiana, 1961, y Tristana, 1970). Se hizo famosa la definición del cine español que realizó Bardem en las Conversaciones cinematográficas de Salamanca de 1955:

políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico.

Televisión

Uno de los momentos más impactantes de la televisión del tardofranquismo fue la del angustioso telefilm La cabina, de Antonio Mercero, interpretado por José Luis López Vázquez.

La televisión española tuvo su primera emisión en 1948 y programación regular desde 1956 (desde 1966 con dos canales). No se convirtió en un medio de comunicación de masas hasta los años sesenta y setenta, a medida que la cobertura fue alcanzando prácticamente todo el territorio y que el equipamiento familiar de electrodomésticos se generalizó entre las clases medias e incluso bajas. En el ámbito rural se impulsaron los teleclubs (Red Nacional de Teleclubs, 1964-1978 —750 000 socios en 5 000 centros, el primero creado en Matilla la Seca, Zamora—).

Su planteamiento como monopolio estatal (Ministerio de Información y Turismo —Arias-Salgado, Manuel Fraga, Sánchez Bella, Pío Cabanillas y León Herrera—) y la gestión de sus dirigentes (Jesús Suevos Fernández, Jesús Aparicio-Bernal y desde 1969 Adolfo Suárez), estaban destinados a aprovechar las enormes posibilidades de control y manipulación social que ofrecía el medio en los tres ámbitos del entretenimiento, la información y la formación.

No obstante, se dieron algunas muestras de valor cultural notable, a cargo de profesionales de gran creatividad: Estudio 1 (desde 1965, adaptaciones de obras teatrales dirigidas por Gustavo Pérez Puig, Pilar Miró, Pedro Amalio López, Cayetano Luca de Tena, etc.), Alfonso Sánchez (crítica de cine), Adolfo Marsillach (series como Silencio, se rueda, 1961), Narciso Ibáñez Serrador (Historias para no dormir, 1966, Historia de la frivolidad, 1967), Valerio Lazarov (El Irreal Madrid, 1969), Antonio Mercero (Crónicas de un pueblo, 1971, La cabina, 1972), Mario Camus (Si las piedras hablaran, con Antonio Gala, 1972), Fernando Fernán Gómez (Juan Soldado, 1973, El pícaro, 1974), Luis Miravitlles (Visado para el futuro y otros programas de divulgación científica desde 1963), Félix Rodríguez de la Fuente (documentales de naturaleza —desde 1974 la serie El Hombre y la Tierra—); otros programas culturales que contaron con colaboradores como Pedro de Lorenzo (Los ríos, 1975) o Joaquín Calvo Sotelo (La bolsa de las palabras, 1975); así como otros de carácter claramente adoctrinador (Por tierra, mar y aire —militar—, El alma se serena, Por las rutas de San Pablo —religiosos—, etc.)

Los servicios informativos, que no podían plantearse ningún tipo de independencia frente a la política oficial, no obstante alcanzaron un alto nivel en algunos reportajes, corresponsalías y enviados especiales (Informe Semanal, desde 1973).

De entre los programas de entretenimiento destacó la repercusión alcanzada por los de José María Íñigo y por concursos como Cesta y puntos (1965), Un millón para el mejor (1968) y sobre todo Un, dos, tres... responda otra vez (Ibáñez Serrador, desde 1972); Joaquín Soler Serrano, que comenzó con el concurso Carrusel (1960), llegó a ser el entrevistador más prestigioso (A fondo, desde 1976, ya en la transición).

La programación infantil (Los Chiripitifláuticos, desde 1966, Un globo, dos globos, tres globos, desde 1974) contó con personajes como Herta Frankel y la participación esporádica de Gloria Fuertes, autora de la letra de la sintonía del programa.

Véase también

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